viernes, 14 de marzo de 2014

La ausencia. La distancia.

Quizás no sepamos valorar la suerte que tenemos al vivir en la Ciudad (1), la suerte de vivir, o tener la posibilidad de experimentar esa vivencia, de estar en determinado momento y lugar. O de no estar. Cada uno de nosotros tenemos en nuestro imaginario y en nuestra memoria una recreación perfecta de una Sevilla sublimada, anclada y fija en un pasado, en una experiencia, en una idea que pretendemos revivir, que se repita una y otra vez, en un sueño del que hemos construido un mundo idealizado en Sevilla y de Sevilla. A veces aquello que nos enamora o que nos enamoró, y lo sigue haciendo, fue solo un breve instante en el tiempo, apenas un segundo que se quedó fijado para siempre en nuestra retina. En otras, creo que puede ser mi caso, llevamos las maletas de la memoria llenas de esos sueños, pero a la misma vez nunca terminamos de llenarlas por más que continuamente sigamos echando más y más carga en ellas. E incluso no es tanto el peso de lo que llevamos ya en la maleta lo más importante, sino el convencimiento de que es aún mejor lo que queda por vivir.
Que Sevilla tiene, o nos parece que tiene, algo que cautiva se habrá dicho miles de veces. Y las que aún quedan. A veces se ha dicho de forma sublime, otras de forma ripiosa. Pero de todo puede que lo que más contribuya a crear ese halo de embrujo, esa fascinación casi hipnótica hacia la Ciudad, de todo, posiblemente la ausencia, la ausencia que la distancia llega a hacer insoportable, sea lo más terriblemente amargo, amargo y dulce a un tiempo, que contribuya a esta desesperación con la que vivimos a veces esta relación. En palabras de Umberto Eco, "en un sistema estructurado, cada elemento vale cuanto no es el otro o los otros que, al evocarlos, los excluye". Sevilla nos parece más Sevilla, nos duele seguramente más cuando no la tenemos o cuando creemos no tenerla. Abundando en las palabras de Eco podemos leer en uno de sus textos "la ausencia oposicional vale solamente en presencia de una presencia que la hace evidente".
Y es que cuando Sevilla nos falta, cuando estamos lejos o incluso cuando estamos en la Ciudad pero nos parece que no la sentimos, en ese momento preciso es cuando sentimos más profundamente esa ausencia. Si extrapoláramos el pensamiento de Trubetzkoy y el concepto de 'oposiciones privativas', el fenómeno de ausencia-presencia, a veces gradual, otras estrictamente privativa, esa ausencia de la Ciudad en nosotros, en nuestro día a día, es lo que nos duele. Es como un enamorado que siente la distancia de la amada, de un amor que se fue, de un amor que no termina de llegar, aunque esté convencido de que existe pero que no termina de estar presente. Es presencia versus ausencia como decíamos. Hasta el silencio contribuye a ello, la ausencia de palabra a veces es tan elocuente como el más extenso de los textos.
El silencio puede llegar a decirlo todo a veces, como si de un silencio teatral se tratara, el silencio a veces es capaz de expresar tanto o más que la palabra, de forma rotunda, hasta connotando más significados incluso que si pretendiéramos verbalizar lo que queremos expresar. Y es que el silencio es en si un acto de lenguaje que puede llegar a expresar aún más plenamente esa idea de ausencia, quizás si queremos por duplicado, con ese sentimiento de ausencia y la ausencia de la palabra a un tiempo, que dramatiza más aún la espera del encuentro con la Ciudad. Y es que en esas horas en las que uno espera la llegada de la Ciudad deseada, en esas horas hasta el tic tac del reloj parece audible y enfatiza ese momento de dramatismo teatral en los que uno espera ansioso la llegada del momento del reencuentro. Y en esa espera estamos ahora. Sabemos que el momento del reencuentro está próximo a llegar, es inminente y sentimos que ya nada lo puede detener. Es ahora cuando se nos aceleran las pulsaciones aunque no queramos que se nos aceleren. Y es que en Sevilla tenemos la dicha, no es privilegio privativo nuestro ni mucho menos, de que a través de los sentidos podemos llegar a lo trascendente, a ese algo más allá de lo sensorial, lo inefable, lo que algunas veces no podemos expresar con palabras aunque tengamos meridianamente claro su significado. Pero incluso así, aunque sepamos que el momento esté próximo a llegar, nos sentimos sumidos en un proceso que supone una agonía en la indeterminación de la espera. Como digo otras veces, como dije hace casi un año, y no son mías las palabras, 'es tan bella la espera que no quiero que llegue, solo quiero verla llegar'.
 - (1) Aunque no sea correcto desde el el punto de vista ortográfico, me tomo la licencia, poética digamos, de escribir 'Ciudad' en mayúsculas, ya que en mi opinión Sevilla tiene entidad de persona, de mujer para algunos,  para mí,  única e irrepetible.
- La foto es del año 1983 y muestra la ausencia en el cortejo de Los Estudiantes del paso del Cristo de la Buena Muerte. Foto tomada de www.abcdesevilla.es

domingo, 20 de octubre de 2013

Patrominio Perdido: Enajenaciones y Despropósitos

Cuando los cofrades hablamos sobre patrimonio desaparecido de la Semana Santa casi siempre nos remitimos al que desapareció durante la II República, en el tiempo de la Guerra Civil e incluso nos remontamos a la Desamortización de Mendizábal o al expolio que las tropas francesas cometieron en Sevilla y sus cofradías. Hablamos de la Hiniesta desaparecida hasta en dos ocasiones, la primera ocasión durante la II República, del paso del Nazareno del Silencio robado por los franceses y que apareció más tarde en Andújar despojado de apliques de plata y carey o de las imágenes y enseres de San Bernardo quemados y destrozados al inicio de la Guerra Civil. Tendemos a demonizar en este tema y sacar el dedo acusador contra todo y todos los que de alguna manera han atentado contra el patrimonio de las cofradías.
Pero quizás o no hayamos reparado en ello o puede que nuestra soberbia nos impida hacer un ejercicio de autocrítica hasta el punto de reconocer que en numerosas ocasiones nosotros mismos, los cofrades, hemos sido los autores de esos expolios. Si hiciéramos el ejercicio y el pequeño esfuerzo de intentar autocontemplarnos en perspectiva quizás podríamos darnos cuenta de los desmanes y despropósitos que nosotros mismo hemos cometido sin ayuda externa. Será que nos gusta buscar culpables y no asumir nuestros errores. Pero eso puede que sea inherente a la raza humana.
La lista seguramente sería extensa y, si fuéramos meticulosos, casi interminable. Quizás con exponer algunos casos llamativos y paradigmáticos nos pueda valer para hacernos una idea de lo que se ha perdido a causa de nuestras propias acciones.
Si nos vamos al final de la calle Castilla, y si queremos hablar de talla, nos encontramos el caso del Cachorro y los diferentes pasos que ha tenido a lo largo de los años. El Cristo de la Expiración ha procesionado sobre diferentes andas a lo largo del tiempo. Uno de los pasos acabó siendo usado por el Cristo de Burgos, otro pasó a la hermandad de San Esteban y es en el que actualmente procesiona, diseño de Guzmán Bejarano, los respiraderos de 1974 y canastilla y candelabros reproducción o reinterpretación del diseño original en 1998. Pero aún hay hermanos y devotos que recuerdan con añoranza las andas diseñadas por Castillo Lastrucci que usó entre 1929 y 1972. Con un diseño valiente y las inconfundibles tallas de los ángeles que llevaba en los laterales, son aún para muchos las mejores andas sobre las que ha procesionado el Cachorro. Cierto es que eran quizás de excesivas proporciones para el Crucificado y que encontrar un paso adecuado a la calidad de la talla de la que hablamos sea tarea muy complicada, pero son muchos los que piensan que el paso actual no acaba de encajar con el Crucificado. Sin embargo la hermandad decidió en su momento la realización del nuevo paso y desprenderse de las andas antiguas.
Este paso fue vendido a la Hermandad de la Sagrada Cena de Jerez de la Frontera y es en el que sigue procesionando su misterio cada Semana Santa. Fueran las adecuadas para el Cachorro o no, lo cierto es que la pérdida para la Semana Santa de Sevilla de estas andas es notable y algo que lamentar.
Los cambios en la imaginería de nuestras hermandades ha sido una constante a lo largo de los siglos. Puede que en algunos casos motivados por la búsqueda de una mejor calidad de los titulares, aunque a tenor de los resultados no siempre se puede afirmar que se consiguiera. Pero en otras ocasiones la desgracia o el infortunio han hecho necesaria la hechura o adquisición de una nueva imagen y puede que incluso el capricho o la moda hayan dado ese último empujón para aprobar o decidir la sustitución.
Hay casos de estos últimos en los que la imagen era realmente irrecuperable la imagen. Pero en otros es como poco llamativo que esa 'imagen irrecuperable' luego lo haya podido ser. En este punto podemos incluir el caso de Nuestra Señora de la O, sustituida por la talla de Castillo Lastrucci, y que luego pudo ser restaurada. En otras hermandades se tomaron decisiones que hoy en día veríamos totalmente fuera de lugar como en el caso de los Panaderos la sustitución del Señor del Soberano Poder al que ahora rinde culto la Hermandad Sacramentel del Juncal. Podemos citar otros casos curiosos como los de la Virgen de la Salud de San Gonzalo, Nuestra Señora de Guía de la Lanzada o el Cristo de las Cinco Llagas. Eso sin contar las, digamos, 'restauraciones' que nos han traído finalmente en la práctica una nueva imagen como la Virgen de los Ángeles. Pero creo que sin duda el que en los últimos años puede que haya llamado más la atención sea el descubrimiento del más que plausible paradero de la antigua dolorosa de la Hermandad de la Quinta Angustia. 
Hace unos años Francisco Bravo en su blog Humilitas, antes creo que ya lo había publicado en el boletín de su hermandad, sacó a la luz una investigación que arrojaba luz sobre el destino que pudo tener la antigua dolorosa de la hermandad de la Parroquia de la Magdalena y una aproximación a lo que pudo ocurrir durante los años en los que de Ella nada se supo. 
Lo cierto es que durante la II República las imágenes de la hermandad fueron escondidas para evitar que cayeran en manos no deseadas y evitar que desaparecieran. Hasta ahí algo usual en aquella época. Una vez la situación permitió retomar el culto de las imágenes, dado que la mayoría de estas habían sido escondidas en la cripta que la hermandad posee en la misma capilla, a causa de la humedad y el lógico deterioro tuvieron que ser restauradas, cosa que fue posible con todas ellas con excepción, cosa llamativa, de la imagen de la Virgen. Finalmente, fuera como fuere, la dolorosa fue sustituída por una de nueva ejecución debida a Vicente Rodríguez Caso.Aunque para algunos pasa por ser una de las mejores dolorosas del s.XX, ¿qué pasó con al anterior de la que nada más se supo? Según Francisco Bravo la Virgen que su hermandad de la Vera+Cruz de Linares adquirió a un anticuario en una feria de antigüedades de Úbeda sería la misma talla que 'desapareció' de la Hermandad de la Quinta Angustia sin dejar rastro.
Pero para conocer de primera mano esta historia nada mejor que visitar el blog de Francisco Bravo.
Aunque quizás el apartado que más haya sufrido ese éxodo, esa hégira, esa exportación que hemos hecho de nuestras propias joyas, sea el de los bordados. Podemos referir casos casi sangrantes, que si bien en su mayoría han dado como consecuencia que las hermandades implicadas se hayan hecho con una nueva obra notable, hay algún caso en el que la realidad dista mucho de esto. 
Podemos referir el palio juanmanuelino de la Virgen de los Ángeles que ahora usa la Virgen de la Palma de Cádiz. Aunque hay a quien no le gusta el nuevo palio diseñado por Juan Miguel Sánchez, sin duda es una aportación y algo nuevo para la Semana Santa de Sevilla. Pero de lo que no cabe duda es de que con el palio que se fue a Cádiz se perdió una gran obra para Sevilla.
Otro de los palios de los que quizás más se haya escrito es de aquel conjunto de palio y manto azules que durante algo más de veinte años usó la Virgen de la Amargura. A nadie se le escapa la suntuosidad y calidad del actual palio carmesí, pero muchos defienden que el anterior, el de terciopelo azul y que ahora usa la Virgen del Desconsuelo de Jerez, de la Hermandad de los Judios de San Mateo, no era en ningún caso peor. 
Antes hablamos de la sustitución de la Virgen de la O. Quizás esta hermandad sea de las que haya tenido decisiones más desacertadas en cuanto a su patrimonio. Ya ciertamente llamativa es la sustitución de la dolorosa, el anterior paso de Cristo es añorado por no pocos, pero en el apartado de los palios y mantos que ha tenido debemos detenernos.
En 1877 estrenó un palio con caídas en plata de rouls, pero con un techo de palio bordado. Tres años después, en 1880, las Hermanas Antúnez realizan un palio realmente espectacular que completaron en 1891 con una manto a juego. Hasta ese año llevó un manto conocido como "el de los soles", que acabó en la Hermandad Sacramental de Espartinas, que aún lo usa. Un manto realmente original y de una belleza única. Tanto el palio de 1880 como el manto de 1891 fueron después vendidos a la Hermandad de la Virgen de la Piedad de Jerez en 1931 para, y aquí es lo sangrante de la historia, sustituirlo por un palio de bordados de recorte o aplicación. Este palio luego pasó a la Hermandad de la Esperanza de Barcelona. Desconocemos si aún lo usa aunque creemos que no, pero sí lo hacía hasta hace unos años. Lo vino usando la O hasta 1957 en que empezó a estrenar por partes el ejecutado por Carrasquilla y que hasta no hace muchos años no fue concluído en sus caídas interiores. 
Siendo esta una obra sin duda mejor que el palio de recortes ni mucho menos supera, ni siquiera iguala, a aquel palio vendido a Jerez.
Pero si hay una caso que llama la atención, no ya solo por la calidad que pudiera tener sino por la simbología y trascendencia de la obra en la evolución de los bordados en las cofradías, y es cómo la Hermandad de la Macarena destruyó el palio rojo diseñado y ejecutado por Juan Manuel Rodríguez Ojeda. Este palio que usó la Esperanza entre 1908 y 1941 y que marcó un antes y un después en los diseños de los palios, ya no puede ser contemplado dado que la hermandad lo deshizo para usar sus bordados en insignias y en el ajuar de la Virgen. El nuevo palio, recreación del anterior, fue estrenado en 1942. Los faldones actuales en 1943 sustituyendo a los originales. 
Hablábamos de la trascendencia de la obra en la evolución de los bordados. Y realmente, aunque haya obras precursoras, es el máximo exponente de la implantación del estilo juanmanuelino, imbuído de los aires del regionalismo, y que pasó como una apisonadora sobre los gustos decimonónicos en los diseños, quizás empobreciendo el panorama de la creación artística a la postre más que enriqueciéndolo, dando lugar a un panorama plano e impersonal, salvo excepciones, en la concepción de mantos y palios. Pero en cualquier caso, un error de la hermandad la decisión de desmembrar el palio.
Estos y otros ejemplos han empobrecido el patrimonio de nuestra Semana Santa al tiempo que han enriquecido el de otras localidades que han sabido aprovechar la ocasión para hacerse con importantes obras y en ocasiones a precios casi de saldo. Podemos seguir contemplándolos en las hermandades que los adquirieron, pero también debemos lamentar no poder contemplarlos cada Semana Santa por las calles de nuestra ciudad.
Como decíamos antes, tendemos a culpar a los demás, a sacar el dedo acusador y no querer ver ni reconocer nuestros errores. Pero en cuanto a patrimonio el cúmulo de despropósitos es amplio y quizás cuando hablamos de enajenar no solo debemos ceñirnos a la transmisión de un bien, sino que debemos predicarlo de la 'enajenación mental' que algunos debieron sufrir para desprenderse del que ha sido, en algunos casos, parte de nuestro mejor patrimonio.
La foto está tomada de la WEB cofradias.mundoforo.com

lunes, 16 de septiembre de 2013

El Beso en el Talón

La vida de las cofradías, la vida de la Ciudad, la vida de los sevillanos se entrecruza de manera natural de generación en generación. Si existe algún tipo de frontera puede que no la podamos distinguir. Es más, puede incluso que no haya separación alguna. Para nosotros, los sevillanos, y ser sevillano es algo más que haber nacido en esta tierra, es un estado del alma, una forma de entender la vida, quizás derramadamente derrotista en la plenitud de esta Ciudad que puede que brille más que nada, y quizás solo, en esa ciudad idealizada, ensoñada y anclada en un pasado ya dejado muy atrás en el tiempo, nuestra vida y la vida de nuestra cofradía, de nuestra devoción, es solo una. Sevilla, que a veces más que ciudad y capital parece pueblo y barrio porque seguramente lo sea. Sevilla, que a veces parece que le venga grande el crecimiento experimentado, que no ha sabido asimilarlo, prefiere seguir mirando hacia dentro de las viejas murallas y pretende ignorar las nuevas barriadas y polígonos industriales. Sevilla es pueblo y Sevilla es barrio, sus vecinos y sus gentes. Y a veces los vecinos son la familia tanto o más que la que lleva nuestra sangre. Y cuando el camino se nos hace duro, cuando necesitamos una mano que nos dé calor, un hombro en el que apoyarnos, en ellos encontramos ese consuelo. Y entre esos vecinos el sevillano no hace distingos, vecinos son los que viven en su barrio. Y qué mejor vecina para echar una mano que una mujer llamada Esperanza y que vive junto a un arco, o su tocaya que vive en la calle Pureza. O Aquel que lleva por nombre Salud y vive en el antiguo arrabal artillero y torero de San Bernardo, la salud que demandan los enfermos. O Ella que en su Amargura es el más dulce bálsamo para los males del cuerpo y el alma. Pero de todos los vecinos de Sevilla, de todos ellos, el que más sabe de problemas y penas, el que ha escuchado seguramente más historias que hemos ido a contarle, vive en San Lorenzo. A veces impone hablar con Él, aunque ahora rejuvenecido desde hace unos años, muchos recordamos su rostro de Divino Leproso, rostro que refleja la dureza y el dolor y al mismo tiempo, la ternura y el sosiego del que en Sus Divinas Manos atesora el poder y la fuerza de un Dios que es hombre hecho madera en San Lorenzo. Los que tenemos recuerdo de visitar su casa casi cada viernes, de recibir junto al corazón una breve cinta morada que era la mejor de las condecoraciones posibles, de ser testigos silentes de plegarias y oraciones, de cómo las vecinas del barrio acudían con hábito morado y cordón dorado, algunas hablándole entre lágrimas, otras casi riñéndole como a un hijo, un río humano que llega a Él por Conde de Barajas, por la antigua calle Capuchinas, que son las santas mujeres que acogieron al Hombre de la poderosa zancada durante unos meses, por la calle Eslava... Es el vecino que vela las noches de hospital en las cabeceras de las camas, porque Él siempre está de guardia aunque no nos demos cuenta. Es el Hombre que llevamos en la cartera en una estampa de bordes desgastados y con el color casi difuminado que sin darnos cuenta nos insufla aliento y fuerza. Es el que preside el cabecero de muchos dormitorios, el que está en un cuadro en el salón de nuestras casas, el que día a día ve cómo transcurre nuestra vida desde un almanaque en la pared de la cocina. O puede que pasemos por una calle y casi sin darnos cuenta nos lo crucemos en un azulejo en la pared. Quizás apenas le veamos, pero Él seguro que sí lo hizo. Él carga en ese madero con todas las culpas del mundo y parece que no le pesan, con su poderosa zancada, con su tremenda fuerza, casi arrogante, como cuando camina por Sevilla en la Madrugá. Habrá quien diga que caemos en la idolatría, que estamos confundidos, que hemos perdido el norte. Qué equivocados están los que así piensan. Nada más lejos de la realidad. El sevillano sabe perfectamente que el verdadero Dios es el que habita en el sagrario, Dios Sacramentado. Pero en Sevilla para llegar a Dios nada mejor que hacerlo a través de lo sensorial, de los sentidos, de la emoción. Cuando tienes a alguien que te ha enseñado desde pequeño a llegar a Dios a través de un breve beso en un talón puedes sentirte feliz porque esa persona ha obrado en ti cosas extraordinarias que jamás podrás llegar a agradecerle.
La foto aparece en la WEB Todocolección

sábado, 16 de febrero de 2013

Hartos de estar Hartos

El sentimiento de amargura, de nostalgia, de naufragio sentimental para el sevillano, para el nacido aquí y para el que también lo es de sentimiento, en tanto que no poco de masoquista alberga esto, conlleva en nuestra psique hispalense un carácter hedonista. Y se apodera de nosotros en ese periodo de descompresión que sucede a la Semana Santa. Esas tardes vacías, sin rumbo, esas tardes en las que parece que todo se precipita en un abismo sin fondo y sin medida.
Y de esas tardes hay varias para el sevillano: la tarde del Corpus Christi, la del Día de la Virgen, pero seguro que ninguna como la del Domingo de Resurrección. Por mucho que la emoción llene el coso del Baratillo nunca podrá ser comparable, no es la misma emoción. La Ciudad es la misma, el sevillano es el mismo, pero es una emoción totalmente diferente. Una solo es expectación, la otra va ligada indisolublemente a la vez a la certidumbre de llegar al estremecimiento. Tardes tan hondas para el sevillano como un hondo pozo en el que no atisbamos el fondo.
Como cierta vez leí hay quien bautizó esas tardes de horas muertas, de noctámbula nostalgia, de angustia derramada, como 'tardes-pozo'. Y creo no le falta razón.
Son tardes en las que el sevillano irremisiblemente se ve abocado a una descompresión emocional, a veces con recuerdos en la memoria que no se pudieron vivir porque una traicionera lluvia impidió que así ocurriera o porque quizás no pudimos reproducir ese recuerdo que vive en nuestro corazón como aquella vez que se nos grabó siendo niños.
Esas tardes en que el vacío parece que se precipita sobre nosotros y nosotros en una desidia incluso deseada, intencionada seguramente, y nos dejamos seducir por ese sentimiento agridulce y derrotista, nos mostramos pretendidamente disfrazados de una falsa satisfacción cuando sabemos que solo estamos alimentando parsimoniosamente la nostalgia que nos invade y que nos hará desear durante doce meses el revivir, el perpetuar un rito que sabemos repetimos cada año. Muchas veces tengo esa sensación de descompresión y aunque sé que son tardes extrañas y probablemente anodinas en las que puede que andemos algo perdidos, son tardes en las que creo algunos disfrutamos en el fondo, un disfrute que hace de esta rara sensación un extraño ejercicio de hedonismo al sevillano modo.
Sevilla fue siempre ciudad de fiestas breves y de esperas y nostalgias prolongadas. El tiempo en Sevilla se podría medir con una clepsidra que vamos llenando con las lágrimas de la angustia que esa nostalgia nos hace derramar en días inciertos y casi siempre de manera inconfesa.
Y quizás en eso se base la perpetuación de esta fiesta, en el rito reiterado cada vez que el almanaque marca la primera luna llena de la primavera. Probablemente justo en eso, en aquilatar el rito y la fiesta a través de ese estar deseando y anhelando con una extraña mezcla de amargura y dulzura la espera y la llegada durante todo un año de este tiempo de ensoñación que se nos avecina en unas semanas.
Pero ya no es así, de unos años acá, la espera se difumina, se diluye como una gota de agua en un océano, como un grano de arena en una playa. Perpetuamos la Semana Santa a lo largo del año. Si antes lo hacíamos de una forma emotivamente interna, apenas exteriorizada más allá del aspecto taciturno que en ocasiones nos invade, ahora lo hacemos de manera visible en lo que antes era terreno de la nostalgia.
Las procesiones a lo largo del calendario, unas de las 'cofradías ilegales', otras 'extraordinarias' de las oficiales, repetidos traslados, rosarios y vía crucis de tradición (o creación) en algunas hermandades muy cercana en el tiempo, sin contar las procesiones 'patrocinadas' por Palacio. Tabernas y bares pretendidamente cofrades, pero sin gente de cofradías (qué sinsentido), que intentan recrear un remedo de los días grandes. Antes un concierto de una banda era casi un acontecimiento inusual. Ahora rara es la semana en que no podamos asistir a alguno. Las tiendas de artículos cofrades, antes casi inexistentes, ahora tan cotidianas...
Y uno se plantea si estaremos haciendo algo mal. ¿Desembocará esto en una crisis de la Semana Santa, no ya desde el punto de vista espiritual que ya casi es palpable, sino desde el plano vivencial del sevillano?
Lo que otrora fuera fugaz y efímero en la vida y que se convertía en eterno y perdurable en la memoria del corazón quizás ahora sea un pequeño momento en nuestro corazón y se esté eternizando en la vida de la Ciudad. Cotidianizamos lo que antes era lo extraordinario, la espera que antes tanto soñábamos ya no es tal porque no esperamos nada, lo tenemos al alcance de la vista, del oído, de los sentidos todos y cada uno de los días del año. De los sentidos sí, pero ¿y de la emoción? Esa aprehensión de todo lo cofrade como un vehículo para llegar a la fe a través de la emoción quizás esté desapareciendo en favor de una Semana Santa entendida como afición. Alguien dijo en cierta ocasión algo como que 'es tan bella la espera que no quiero que llegue, solo quiero verla llegar'. Esta hermosa reflexión que parece hecha a la medida de la cuaresma que acabamos de empezar puede que empiece a dejar de tener sentido. Y sí, debe ser verdad que en algún momento del camino nos hayamos equivocado...
El dibujo de Mafalda del gran dibujante Quino en este caso tomado del siguiente enlace

martes, 18 de diciembre de 2012

El Ancla y el Salvavidas

La relación que establece el sevillano con Dios y su bendita Madre, seguramente hablando desde el desconocimiento de lo que pueda ocurrir en otros lugares, es una relación cercana. Y es cercana hasta el punto de que con Dios y con su Madre, humanizados en la madera que el imaginero algún día esculpió, no son pocas las personas que mantienen una relación casi vecinal o incluso familiar en numerosos casos. Aquí se habla con Jesús y María de tú a tú. Rara es la casa en la que no se tiene una fotografía, un cuadro, un busto del Cristo o de la Virgen de su devoción. Y es con Ellos con los que habitualmente se comparten alegrías y penas, pedimos consejo, mantenemos conversaciones que seguramente con nadie más podemos mantener. Abrimos nuestros corazones de forma total y brutal a Ellos, conversamos, nos quejamos, les reñimos incluso como si fuera alguien propio de nuestra familia, de nuestro entorno. Y seguramente, si así lo hacemos, es porque así debe ser.
Se me viene a la mente la imagen de aquellas latas membrillo en las que estaba representada la Esperanza, alimento físico y espiritual a la misma vez. Qué bella metáfora de la teología sevillana.
En Sevilla cuando vamos a San Lorenzo decimos "voy a visitar al Gran Poder". Pero además cuando lo decimos no nos referimos a visitar la basílica como lugar físico, sino que vamos a la casa del que en sus manos tiene el Poder y la Fuerza. Porque Él es vecino del barrio, de todos el más distinguido pero a la misma vez el más humilde. Y su familia es tan numerosa que se extiende por toda Sevilla, es el Dios de la  Ciudad del que habla Carlos Colón y va al encuentro de sus hijos cuando sale en la Madrugá su cofradía. ¡Qué privilegio los costaleros que acercan al Gran Poder a todos sus hijos! Son tiempos para la Esperanza, necesitamos más que nunca que así sea. Muchos son los que pasan auténticas necesidades, unas veces de forma evidente y clara, otras de manera soslayada, casi muda, en la estampa cada vez más presente del pobre vergonzante, esos que han venido a menos y aún intentan mantener apariencias y nivel de vida. El que ha sido pobre toda la vida lo es aún más llegando a unos niveles muy inferiores del considerado como umbral de pobreza. La necesidad la tenemos al alcance de nuestras miradas aunque muchas veces no queramos verla.
Lamentablemente esto está suponiendo una prueba de fuego para muchas familias que se las ven y se las desean para poder dar de comer a diario a sus hijos. Qué hermoso y simbólico el oficio del panadero que con sus manos prepara ese alimento cada día. Y qué sacrificio para dar ese pan a sus hijos quitándoselo de la boca pero sin un atisbo de duda para hacerlo.
Y a la vez pone a prueba matrimonios que afrontan la crisis económica como una pequeña barca que se adentra en un mar embravecido, siempre a punto de naufragar. El índice de separaciones y divorcios ha aumentado, es una realidad estadística. Qué difícil se me hace asumir que cuando la pobreza entra por la puerta, el amor salta por la ventana. ¿Por qué se tienen que mezclar conceptos tan distantes entre si y que uno tenga tanta influencia sobre el otro? Lo de "contigo pan y cebolla" quedó en pura utopía imagino, la sociedad devora al hombre débil, ¿acaso somos creadores de una bestia que acabará por destruirnos? En algún momento de la historia nos hemos equivocado, no hay duda.
Pasear por Sevilla para hacer el triste descubrimiento de las cada vez más numerosas personas que duermen a la intemperie en parques, soportales, bancos,. Los desahucios son noticia habitual en medios de comunicación, pero lo habitual deja de ser noticiable y entonces permanece en el silencio y el olvido. Pero que nos acostumbremos a verlo en las noticias hace que casi trivialicemos el drama y la repetición de la visión de lo trágico no debe hacernos verlo dentro de la normalidad.
Nos estamos acostumbrando a convivir con los desahucios. Y estos no solo referido a las personas que quedan sin hogar. Si atendemos a la etimología, desahuciar significa quitar la esperanza. Y lo peor en ocasiones son las personas que son desahuciadas de sus ilusiones, de sus expectativas, de sus vidas. Ahuciar, que significa precisamente dar esperanza, es un verbo casi en desuso tanto en el habla como en lo que encierra su significado. Hagamos entre todos que cobre valor y que todo el mundo pueda tener la Esperanza en sus vidas.
El hombre camina hacia la deshumanización y el concepto de hombre bueno, de bonhomía hacia los demás, es cada vez menos usual. Sin embargo a veces te encuentras personas que el azar les hizo vivir en Madrid, en Arabia o en una Roma muy particular y que se defienden como gata panza arriba por creer que el mundo aún puede ser, al menos, un poquito mejor y así lo demuestran cada día. No hay que perder la esperanza en el ser humano, y esas personas hacen que yo no la pierda. Y no la pierdo cuando veo médicos, policías, miembros de Protección Civil que más allá de desempeñar una profesión, demuestran día a día que están ahí sobre todo por vocación de servicio a los demás. Y si alguna vez hay algun hombre que saca la ira y la furia, lo compensa con el corazón que a buen seguro hay dentro y que a veces disfrazamos con un escudo hecho de ínfulas y apariencias para protegernos a nosotros mismos.
Me resisto a ver que no haya luz que ilumine el camino, una luz de Esperanza como rezan las velas de algún palio. Qué bello gesto de los donantes de órganos. Y eso me hace llevar mi pensamiento a la calle San Jacinto y cómo esa Estrella puede desprender tanta luz sin pedir nada a cambio.
En estos tiempos hay muchos casos de hombres que caen, pero como ese Jesús que cargó con el peso de nuestras culpas debemos levantarnos cada vez que nos veamos en el suelo. Nunca es tan grande el hombre como cuando está postrado ante Jesús Sacramentado. En estos días lo pude ver en la calle Pureza, frente al sagrario las mismas personas que acababan de ser inundadas de Esperanza por la Madre de Dios se postraban ante Dios Sacramentado con la mayor humildad. Pocas cosas, quizás nada, más puro que esto. La Esperanza se simboliza en un ancla, y reconforta saber que ese ancla está sujeta por una cadena hecha de notas musicales y que mantiene el barco a salvo de las tempestades. Pero además tener la certeza de que la Reina y Capitana de la la calle Larga de Triana te auxiliará con el salvavidas que en su mano lleva para los que en alguna ocasión están a punto de ahogarse.
Hablábamos hace un momento de caer, de las pruebas a las que el hombre se debe enfrentar en la vida. En pintura a veces podemos encontrar la manzana, una manzana caida, como representación del hombre que ha pecado, del hombre caído en desgracia, y desgraciado, por analogía con el Génesis. Pero creo que es solo una parte de la metáfora. Si en la mitología clásica esa misma manzana es representación del amor y la belleza, prefiero quedarme con esta parte: caer para volver a levantarse. Nada hay que nos pueda dar más Esperanza en estos días.

La foto está tomada de www.todocoleccion.net

miércoles, 26 de septiembre de 2012

No perdamos la perspectiva...

"No perdamos la perspectiva, yo ya estoy harta de decirlo, es lo único importante". Así comienza Camilo José Cela su novela 'La Colmena' (Buenos Aires 1945/46). La que habla es Doña Rosa, que regenta un café donde se reune parte de la sociedad literaria de Madrid. Cela que siempre estuvo atento a los movimientos y tendencias de las nuevas técnicas narrativas y corrientes filosóficas desarrolla aquí lo que algunos han definido como un collage, una serie de retratos-fotografías del Madrid de posguerra. La técnica narrativa usada ha sido descrita como narración múltiple en tiempo simultáneo, quizás Cela debió haber leído 'Manhattan Transfer' (aunque esta abarque un lapso temporal mayor) de John Dos Passos para asimilar la técnica narrativa que este ya había usado previamente en esa novela pero en cualquier caso esta forma de estructurar las historias estuvo bastante influenciada por las propias técnicas narrativas de la industria del cine que en aquellos años desarrollaba un incipiente e importante despegue. De cualquier manera, La Colmena constituye un ejemplo paradigmático de lo que es una novela coral donde múltiples personajes aparecen en ocasiones a veces casi episódicas, pero que sirven para esbozar un retrato de una época o unos acontecimientos, en este caso el Madrid de postguerra que podemos ampliar a la totalidad de España. En La Colmena, exceptuando quizás el personaje de Martín Marco, no sé si en este caso proyecta Cela algo de autobiográfico en él e inconscientemente le infiera una preeminencia no ideada, posiblemente ningún personaje destaca sobre los demás. No hay ninguno que estando fuera de la acción narrativa en ese momento esté sin embargo presente incluso así, nadie es protagonista 'per se', sino supeditado a la finalidad descriptiva del paisaje urbano y sobre todo social que se desarrolla. No hay un argumento cerrado y carece de desenlace, es una novela al servicio de la acción, como hemos dicho, descriptiva de una época. Solo cada personaje se convierte en protagonista, en ocasiones casi episódico, en la medida en la que temporalmente aparece y desaparece de la acción narrativa.
Al igual que esta, otras obras de la literatura contemporánea española como 'Los Santos Inocentes' de Miguel Delibes adoptan este tipo de narración que beben igualmente de la corriente filosófica perspectivista desarrollada por Nietzsche y que en España y en esa época tuvo su máximo valedor en Ortega y Gasset. No podemos establecer una realidad absoluta y hay que tener en cuenta la totalidad de las perspectivas, mi verdad es válida para mi pero a la vez convive con la verdad de cada uno de los otros individuos que se acercan a la realidad.
Estamos ahora en Sevilla en una noche de Abril en un cruce de calles cualquiera donde se halla detenido un palio que no podemos distinguir por aquello de que, como le ocurre a los foráneos, todos los palios nos parecen hoy el mismo. El capataz, que de esto ya tiene experiencia, quería parar el palio antes de llegar al cruce, que luego las corrientes de viento que corre en estas calles estrechas son muy traicioneras. Traicioneras y con malas intenciones como un cinqueño 'toreao' y te apagan media candelería en un plis plas. A él, al capataz, casi le da igual la candelería, pero le incordia que luego le hagan parar cada dos por tres el paso y hacer las paradas más largas para encender y luego hay que andar más deprisa, y él, el capataz, 'rara avis', ante todo quiere mirar por sus hombres. Pero el fiscal de paso, y es la tercera vez que se lo hace esta tarde, no le ha hecho ni caso, ha mandado que el paso avance unos metros más y todo para dejarlo arriado justo delante de donde esperaba un compromiso que él desde la delantera del paso, pavoneándose, ha acertado a ver. Y así lleva toda la tarde, intentando ver con antelación a todo conocido y personajillo por conocer para dejarse ver como fiscal del palio, parándole el palio a su antojo esperando recibir como pago por el gesto unos réditos en su vida particular y profesional que nunca recibirá. Unos metros más adelante, precediendo a la presidencia y ante-presidencia, no menos de cuarenta monaguillos con sus correspondientes padres y un par de paveros que por mucho que se afanan no dan abasto para controlar a los pequeños (y a los padres menos aún), y que desde bastante antes de la Campana no les cuadran las cuentas del número de monaguillos con la lista que les dio el Diputado Mayor porque los padres los sacan cuando les viene en gana ajenos a las instrucciones que ellos les dieron.
El pertiguero se debate entre esforzarse en llevar a sus acólitos perfectamente formados, que los ciriales vayan encendidos y a la par dejarse ver en ese puesto de privilegio de los pocos de la cofradía a cara descubierta. Ser pertiguero del palio es un privilegio que ha sacado a gala entre todos sus amigos de grupos jóvenes de otras hermandades y hoy hay que demostrarlo. Casi no lo ha mencionado, ha preferido obviarlo, pero va de pertiguero porque a quien le correspondía por antigüedad en el cuerpo de acólitos ha entrado en la cuadrilla del palio. Ha entrado de 'pico', ya sabía que cuando el listero repartiera los trabajos él no iba a tener relevos propios. Pero ha entrado, que era lo importante. Ya la cofradía va de recogida y apenas sí se ha metido unas pocas chicotás de las que se dicen de hacer metros. Da igual. Lo que contaba era entrar. Lleva casi toda la tarde delante del paso porque debajo se ha metido realmente poco. Además se ha relacionado no mucho con los compañeros de cuadrilla, mitad por poca confianza, la vergüenza y que es el novato, todo hay que decirlo, siendo nuevo en la cuadrilla llegó a la igualá 'de listillo', solo había sacado antes un paso pequeño de gloria pero la actitud arrogante de que 'todo lo sé' no ha sentado bien entre los antiguos de la cuadrilla que también creen saberlo todo y eso le ha pesado para integrarse. Realmente ha entrado aunque sea así, de esa manera, aún sin haber hueco, como otros, porque es sobrino del Teniente de Hermano Mayor. Apenas sí le han dado algún relevo, ya de hecho la cuadrilla va doble y solo en su palo hay dos picos más aparte de él para repartirse los trabajos que los antiguos no quieren. Pero bueno, así disfruta del palio aunque sea a costa de una tortícolis porque para poder ver algo tiene que hacer un escorzo bastante pronunciado ya que la visera del costal le tapa prácticamente la vista, incluso por debajo de la frontera de la cavidad ocular, muy por debajo de los ojos. La ropa se la ha comprado a uno que tiene fama haciendo costales, ya tiene página web y etiqueta los que vende con el nombre de un insecto: "Costales el Tabarrito". El que lleva lo ha comprado en exclusiva, es de saco de café (no sabría yo decir si Catunambú o Saimaza), y la tela tiene unas listas con unos colores que según le ha dicho no habrá otro igual junto con unos calcetines con la bandera de España y las cañas del pantalón a la altura de las rodillas. Como decíamos lleva toda la tarde acompañando al palio, entre acólitos, cangrejeros, penitentes 'por lo civil' y los hermanos acreditados de seguridad de la hermandad.
Lo de los penitentes 'por lo civil' lo diremos de aquellos hermanos de la cofradía que prefieren no vestir la túnica, algunos con su papeleta de sitio en el bolsillo, prefieren cangrejear, co-presidir la cofradía sin vara que llevarse a la mano, realizar labores de diputado espontáneo,..., en lugar de vestir el hábito de la hermandad. Que se les pueda ver en medio del cotarro enchaquetados, encorbatados,enmedallados y con su escudo de solapa bien visible. Hoy es día para usar 'Patrico' hasta decir basta sobre sus menguadas melenas. En ocasiones este tramo apócrifo de la cofradía lo conforman 'indignados' del seno de la hermandad, antiguos hermanos mayores y miembros de junta, otros hermanos mayores y miembros de otras juntas que nunca fueron porque perdieron aquellas elecciones que según ellos estaban amañadas, y otras faunas y especies diversas.
¡Ah!, y el cuerpo de seguridad, que no se nos olvide. La mayor parte formado por asiduos, al menos relativamente, a la hermandad muchos de los cuales no han encontrado hueco en la cofradía en el puesto que deseaban y esto palia en parte esa desilusión. Una suerte de guardia pretoriana que cree que entres sus indefinidas atribuciones entra poder empujar a gusto a público, nazarenos y hermanos, e incluso cuerpos de seguridad oficiales. Nada como una acreditación colgada del bolsillo de la americana, si dispone de pinganillo mejor que mejor, para proyectar en este día merced al cargo ostentado las frustraciones de la vida diaria, haciendo buena la máxima tan sevillana de "si quieres conocer a fulanito, dale un carguito".
A todo esto el paso está a punto de levantar, ya el capataz ha llamado a sus hombres después de unos minutos de descanso en los que se ha intentado encender esa candelería, pero como dicen los de la caña "en el cruce de calles es imposible" y no han podido volver a encender más de seis o siete velas. La gente mientras se ha asomado para ver entre el asombro y el ensimismamiento lo poco que se puede ver con los faldones levantados mientras el 'aguaor' ha ido dando de beber a la cuadrilla. A muchos les parece este mundo de los costaleros un mundo desconocido, casi arcano, un mundo de héroes que realizan un esfuerzo increíble. Y es eso: increíble. Increíble cómo han cambiado esto, pues hubo otro tiempo en los que la imagen del costalero no tenía ese halo casi mitómano al que ha devenido, muy al contrario, eran denostados por el mundo cofrade. Antes hacían un mayor esfuerzo que no era elevado a la categoría de proeza o heroicidad en muchos caso con un solo relevo, o sin este incluso, y durante toda la semana. Ahora realizando menos esfuerzo se les aúpa a un nivel superior. Llama el capataz a uno de los pateros de atrás y este aprovecha para dedicar su enésima 'levantá' en lo que va de tarde copando su pequeña parcela de protagonismo. Pareciera que lleva preparadas esas dedicatorias escritas por las mejores plumas de la literatura, pura poesía. O puro ripio, que para gustos los colores. Y el paso se levanta y al cimbreo de candelería y varales se une un grito casi estertóreo e indisimulado, más bien intencionadamente acentuado, que viene de las entrañas del paso proferido por los miembros de la cuadrilla como consecuencia del esfuerzo.
Nada más levantar el paso, y como estaba dispuesto, sin mediar tambor, ha empezado a sonar una marcha de estas de nuevas tendencias estilísticas, a medio camino entre el flamenco-pop y las más variadas composiciones verbeneras-feriantes. Pero al mismo tiempo desde un balcón cercano un cantaor ha empezado una saeta. Esto es una de las peores cosas que le puede suceder a un cantaor en la tesitura de cantar una saeta, que al arrancarse la banda inicie los acordes de una marcha. A los sones de la marcha y el arranque del cantaor se une una mezcla casi pareja de voces de desaprobación, no se sabe si contra el cantaor o contra la banda, y expresiones de mofa del público que allí se encuentra. El público ya no atiende a la Virgen ni al paso, está más pendiente de ese duelo entre banda y cantaor que no lleva a ninguna parte pero que sirve de motivo para escarnio de uno y otros. Finalmente el cantaor desiste de su intento esperando una mejor ocasión. Nada más entrar al interior de la casa las palmadas de su séquito que le ha acompañado a este compromiso. El cantaor estaba contratado por la hermandad para cantar esta saeta y otra al Cristo. Además de que ha llegado tarde a cantarle al Cristo, ahora no ha podido terminar su labor. Le aseguraron que el paso pararía justo antes de la esquina y que justo en ese momento debía acometer su interpretación. Así le indicaron el Hermano Mayor y el Mayordomo. Pero como hemos visto el paso lo han parado en la confluencia de las calles por capricho del Fiscal de Paso. Ya el cantaor no tenía claro lo que debía hacer. El Hermano Mayor ya ha echado varias miradas inquisidoras hacia el balcón y mientras el cantaor comenta que cómo le va a pedir al Mayordomo que le pague después de lo sucedido, el séquito le anima a reclamar lo que es suyo argumentando que la culpa no la ha tenido él. A ver cómo acaba la cosa.
Mientras el paso avanza y justo cuando emboca la siguiente calle hay que pasar un pequeño tramo muy estrecho a causa de balcones y farolas que angostan el paso de la calle. Y ahí se tiene que ver la pericia del capataz. Hay gente que se ha agolpado en ese sitio y que lleva ahí desde hace más de dos horas solo para ver ese momento. El año pasado lo vieron y disfrutaron tanto que llevan toda la cuaresma soñando con revivir ese momento. El paso avanza y una multitud 'cangrejea' delante del mismo. En esas que dos miembros del cuerpo de seguridad de la hermandad, sí, esos con pinganillo y acreditación colgada del bolsillo de la chaqueta, empiezan a empujar a los de esa fila a la voz de "señores, avancen, aquí no pueden estar que el paso no cabe". Nuestro grupo de amigos piensa "si estamos en la misma loseta en la que estuvimos el año pasado, la calle es la misma y el paso no lo han agrandado, ¿cómo no va a caber?".Sus intentos de permanecer en el sitio son infructuosos y tienen que agregarse al grupo 'cangrejeador' para mientras avanzan junto con los miembros de esa seguridad ver que su lugar es ocupado por otros que venían en la bulla y constatar que allí sí se cabía. Visto lo visto empiezan una disputa dialéctica con la seguridad que acapara la atención de los que van en esa bulla. Pero mientras el paso sigue avanzando y llega el momento de la estrechez, el momento de la cuadrilla, pero sobre todo del capataz.
La estrechez existe, eso no se puede negar, pero al momento hay que darle mayor emoción de la que quizás requiera técnicamente en aras de una mayor lucidez emotiva. La hermandad lo quiere así y a él, al capataz, le sirve para lucimiento propio. Es como ese portero de fútbol que tiene una parada razonablemente fácil pero que se adorna con una palomita para buscar la ovación del respetable. Además el momento se hace coincidir justo con el trío de la marcha, una marcha que tiene un solo de trompeta muy llamativo y aflamencado, con un soniquete muy parecido a una rumba bastante conocida. La marcha la ha compuesto un cantante de sevillanas y rumbas precisamente. Bueno, él ha dispuesto la melodía, pero la armonización y las partituras las ha tenido que delegar en un músico profesional con no pocos arreglos melódicos para que medio pudiera interpretarse. Pero este ni aparece en el disco ni como colaborador siquiera. El caso es que al trompeta que hace el solo le encanta lucirse con esta marcha. Antes tocaba la corneta en una de las mejores bandas de cornetas y tambores, pero lleva un par de años en esta banda, aún no lee todo lo correctamente que fuera de desear una partitura, pero tiene unas dotes interpretativas envidiables y por eso está ahí, para interpretar ese tipo de solo.
El capataz da las voces de mando dramatizando en exceso, impostando al máximo la voz con una actitud quizás excesivamente artificial, sobreactuando, pero muy efectista, de eso no hay duda. A la misma vez uno de los pateros de delante jalea las órdenes del capataz y alaba las virtudes de este, reales e imaginarias. Pero no es extraño. El que va de patero con toda seguridad es uno de los peores peones de la cuadrilla. El sitio se lo ha ganado a base de convidás al capataz y contraguías a los que sigue a todo evento y hermandad en la que son requeridos y cumple casi las funciones de los bardos que alababan en las cortes medievales las virtudes ciertas o no de su señor. Bueno, el bardo o el bufón, ¿quién sabe?. Y es de bien nacidos ser agradecidos, como agradecido también es el estómago del capataz con las convidás..., y ahí que va de patero el hombre. Entre alabanzas y felicitaciones el patero se ha llamado más largo de lo requerido y los varales han tropezado ostensiblemente contra el balcón. Mientras el capataz intenta mitigar el contratiempo y evitar magnificarlo a la voz de "seguimos igual", el patero nada más que hace repetir que él no se ha llamado y que solo se llama él y nadie más, descargando culpas en los otros costaleros. Algo muy típico, personificar en uno mismo y hacer propios los méritos de la cuadrilla y colectivizar e incluso enajenar de uno los errores. Como decíamos, algo muy típico. Algo muy humano.
Mientras el paso sigue avanzando con la marcha, el Hermano Mayor no cabe en si de gozo y se vanagloria de cómo va la cofradía marchando a la vuelta, no sabemos si porque no ha visto los numerosos cortes que llevan los tramos o si aún conociendo ese detalle prefiere obviarlos. El Fiscal de Paso sigue saludando a propios y extraños acercándose a estrechar sus manos, al igual que lo hace el pertiguero pero este con esa tan sevillana salutación que se da entre los integrantes de una procesión que van a cara descubierta como es el leve cabezazo para a la par que mostrar el gozo de encontrar a alguien conocido, pero sobre todo el gozo de ser visto, ese hacerse notar en tan memorable trance. El costalero que va de pico sigue en la delantera del paso sin separarse de este y creyendo subjetivamente que eso le hace participar del esfuerzo de los que van debajo. Ahora que empieza a despejarse la bulla el saetero acaba de salir de la casa y se dirige a la bodeguita que hay unos metros más adelante para tomar una manzanilla que le temple la garganta mientras alguien que va por la calle se le acerca y le dice que ha estado muy bien. Al saetero ya se le ha olvidado que la actuación ha sido prácticamente inexistente, como para no recordar, y agradece orgulloso el halago. Quizás cuando llegue a casa dude de si lo dicho ha sido más guasa que otra cosa, pero ahora mismo no repara en ello. La gente aún celebra el solo del trompeta de la banda mientras los paveros ya casi dan por misión imposible el controlar su tramo, casi más por los padres que por los niños. Pasan los candelabros de cola, los manigueteros, luego esos nazarenos con la extraña función de "escoltas de manto", varios hermanos y hermanas de promesa, el Fiscal de Banda, la banda con su trompeta solista, el de la escalera, el del carrito,..., mientras el paso se va alejando a golpe de tambor adentrándose en la oscuridad de la calle apenas iluminada.
Esta escena descrita con un estilo deslabazado, casi ingenuo, es solo una excusa para hacer notar cómo por la Semana Santa pasan o, mejor dicho, pululan, no sé si es la expresión más acertada pero quizás sí recoge etimológicamente las connotaciones que me gustaría recalcar, infinidad de personas y personajes que conforman el elenco que da vida a esta fiesta de la ciudad, a esta obra de teatro que se representa anualmente. La Semana Santa es al igual que decíamos de 'La Colmena', una obra coral por la que pasan multitud de personajes que carecen de protagonismo propio. O mejor dicho, su protagonismo es efímero, pasajero. Quizás dura solo unos momentos, unos minutos. Cuando el tío de la caña enciende la candelería el público atiende absorta la demostración de su pericia en el cometido. Al pasar el tramo de los monaguillos, ese protagonismo se lo llevan esencialmente los pequeños, a veces los desesperados paveros, pero son los padres que orgullosos de su progenie, continuando la tradición para con la hermandad de la familia, en su fuero interno se sienten protagonistas de la escena aunque sea solo en su subconsciente.
El fiscal, el Hermano Mayor, el pertiguero, incluso el que felicita al saetero con no poca guasa seguramente por una especie de apuesta con los amigos... Todos en algún momento se convierten en protagonistas de la procesión. Colectivos que han alcanzado ese protagonismo incluso más allá del momento de la procesión como son las bandas de música, especialmente las de cornetas y tambores, y los capataces y costaleros y que seguramente alcanzan ese protagonismo incluso fuera de la Semana Santa de forma errónea suscitando un movimiento de seguidores que parece incluso bastante alejado de cualquier requerimiento religioso, semejando más una moda o el seguimiento de fans de un grupo de música o un actor famoso.
Hablábamos de perspectiva, más concretamente de no perderla. No podemos ser ajenos a que este tipo de movimientos, de seguidores, ese protagonismo que diferentes personajes alcanzan momentáneamente,..., hace que de una forma u otra la Semana Santa alcance un auge, una vitalidad que difícilmente alcanzaría de otra forma. Debemos ser conscientes, lo somos, de que la forma y manera de acercarse a la Semana Santa es, debe ser, diversa. Hay muchas maneras de aproximación al fenómeno que supone esta fiesta. No debemos olvidar que la Semana Santa supone la fiesta del pueblo, en este caso del pueblo sevillano. Pretender quedarse en lo estrictamente religioso es irreal, un error. Hay muchas realidades subyacentes y paralelas. La Semana Santa transfigura la ciudad, se erige en herramienta vertebradora de su vida, tiene un carácter utilitario para colectivos, barrios, estamentos sociales o gremios (en otros tiempos en mayor medida) en tanto y en cuanto que se convierte en instrumento de autoafirmación del colectivo en cuestión y de Sevilla como concepto totalitario e identitario. Quedarse en una pretendida ortodoxia de la fiesta y querer que esta sea una fiesta estríctamente religiosa es, en Sevilla, rechazar una realidad palpable a cada paso que demos. La Semana Santa trasciende lo religioso para incorporarse al psique colectivo de la ciudad cumpliendo diferentes funciones además de la propiamente doctrinal. La realidad de esta 'fiesta total' como ha sido definida por algunos está llena de aristas y prismas, irregulares en la mayoría de los casos y totalmente heterogénea. Hay que estar preparados para aprehender la realidad de la Semana Santa sin prejuicios admitiendo a priori y de salida que deberemos adoptar una perspectiva desde la heterodoxia para poder comprender la realidad de la misma, tanto en lo formal como en lo esencial.
Pero como decíamos no debemos perder la perspectiva. Y puede que en algunos casos lo estemos haciendo. Si bien debemos admitir que no podemos ceñirnos a una visión estrictamente desde lo religioso y doctrinal, tampoco debemos admitir la ausencia total de este aspecto. Convendremos en que la Semana Santa en Sevilla no puede ser una celebración exclusivamente religiosa, pero tampoco hasta el punto que la convirtamos en algo puramente profano y ajeno a la Iglesia. No podemos apartar la religiosidad de la celebración de la fiesta. No hay que olvidar que el origen y motivo primigenio de esta es la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús, hay que tenerlo siempre presente aunque sea de forma quizás tangencial, puede, pero no exento de esta premisa sin la cual no debe tener sentido o en todo caso habrá perdido el sentido de su origen.
Hablábamos al principio de 'La Colmena' como ejemplo de novela coral. En la Semana Santa como hemos visto puede haber, hay, muchos protagonistas episódicos y fugaces. Pero no debemos olvidar a los que son, aunque el guión pueda parecernos equívoco, los dos protagonistas principales de la narración: Jesús y María. Si perdemos ese punto de vista, si perdemos esa perspectiva, sin duda iremos por el camino equivocado.
La foto corresponde con un fotograma de La Colmena, película de 1982 dirigida por Mario Camus, pero tomada la foto de www.culturamas.es.

domingo, 19 de agosto de 2012

Reclamando derechos con el izquierdo por delante

Que vivimos en un mundo eminentemente machista es algo que negarlo sería un total sinsentido. Aunque la lucha por igualar las posibilidades en la sociedad de hombres y mujeres ha avanzado mucho, nos guste o no la realidad dista aún bastante de que sea 'real' por mucho que se hayan inventado ministerios de igualdad, la paridad de los componentes del gobierno y otros inventos para cierta 'publicidad' interesada.
Creo que no me cansaré nunca de decir, para quienes hayan pasado alguna vez por este blog no les será extraña la afirmación, que las hermandades no son ajenas a la sociedad. Más bien al contrario, son organismos permeables a los cambios sociales, tanto o más que otros. Que los cambios en las hermandades en ocasiones tardan en producirse puede ser cierto. Pero que están en continua evolución también. Y la incorporación cada vez a más facetas y aspectos del mundo de la Semana Santa por parte de la mujer es un hecho tangible. Aún así, como ya dije en una ocasión, este ha sido un tema manipulado y manejado partidistamente por parte de muchas hermandades. Casi siempre la necesidad es madre de la inventiva, y después de pasar una crisis en numerosos aspectos en épocas posteriores al Concilio Vaticano II, ver cómo mermaba el número de nazarenos y que el auge que comenzaron a tomar las cuadrillas de costaleros no asalariados, hermanos o no, hacía descender más aún el número de estos, las primeras hermandades en admitir la incorporación de nazarenas creo lo hicieron más para paliar esta situación que realmente para igualar derechos para todos.
Aunque lamentablemente se haya producido por, como solemos decir, un baculazo, la incorporación de mujeres nazarenas a la totalidad de las cofradías ya es un hecho. No obstante, algunos enseñan con orgullo las metafóricas heridas del asedio, el hambre y las penurias a los que fueron sometidos por la heterodoxia de la Semana Santa sevillana más díscola y se consuelan con que ellos no abandonaron jamás el deber de salvaguardar las 'buenas maneras cofrades' hasta que les llegó orden del alto mando para hacerlo como si de los 'últimos de Filipinas' se trataran y que acataron la orden por el deber de obediencia aún cuando eran contrarias a sus convicciones.
Probablemente todo esto haya ido hasta cierto punto parejo con la realidad de la mujer en la sociedad. La incorporación de la mujer a la vida laboral es algo que vemos ahora normal. Pero casi ninguna de nuestras abuelas trabajaba fuera de casa y pocas de nuestras madres para los que empezamos a tener cierta edad. Además hasta cierto momento, para poder trabajar se necesitaba permiso del padre o del marido. Ahora la mujer trabaja fuera de casa; pero además, no hay que olvidarlo, en casi todos los casos también dentro. La igualdad sin embargo es relativa pues es en muchos casos la norma es que en igualdad de puestos a desempeñar e igual preparación las mujeres ven cómo o se las considera o engloba en escalafones inferiores dentro de los convenios o, directamente, se les paga menos por el mismo trabajo. Así, sin más. Eso sin contar que porcentualmente la comparación en número entre hombres y mujeres que ocupen puestos directivos es abismalmente desproporcionada.
Quizás un tanto así ocurra con el mundo de las cofradías. Ya son miembros de pleno derecho de las hermandades, pero a la hora de ocupar cargos en las juntas de gobierno, la paridad está muy lejos de alcanzarse y además el que ocupen cargos de relevancia en las mismas ocurre las menos de las veces. En muchos aspectos son tratadas como cofrades de segunda.
De la teoría a la práctica va un buen trecho. Si nos atenemos a la teoría, ya desde las Normas Diocesanas promulgadas en 1997 las mujeres eran, o debían ser, miembros de pleno derecho de las hermandades de Sevilla. Pero a algunos cofrades parece que les costó adaptar la realidad a las normas dictadas. El Cardenal Carlos Amigo dejó todo esto un poco a la reflexión particular de cada hermandad durante un periodo razonable de tiempo dijo. Pero en la práctica el asunto se quedó durmiendo el sueño de los justos y tuvo que ser Moseñor Asenjo el que aprobara un decreto el año pasado que quizás reforzaba o reiteraba lo que ya recogían las Normas Diocesanas pero que no se llevaba a la práctica en lo referente a la igualdad de derechos de hombres y mujeres. Hasta tal punto algunos se han resistido a ello que incluso he escuchado a algún cofrade de una hermandad que por mor de la lluvia no ha llegado a hacer efectivo el cumplimiento del decreto en la calle se vanagloriaba de ello. No merece más comentario.
Las cosas seguramente llegan cuando tienen que llegar. Pero puede parecer que hay quien se dedica a dilatar o que otros dilaten ciertos temas para que algunas cosas no prosperen. Se habla de que ya ha llegado el momento de que una mujer pronuncie el pregón. Pero el nombramiento no acaba de llegar. Con el tema del autor del cartel ocurre casi lo mismo. Se dice que hay muchas mujeres preparadas, pero de momento solo Isabel Sola realizó el de 2007, cuando quizás, y es solo una opinión, el mejor cartel de Semana Santa que haya visto sea el que pintó Carmen Laffon en 1983. Pero ese era el cartel del Ayuntamiento, entonces en plena transición democrática y probablemente con un mejor entender en muchos aspectos de la Semana Santa que los actuales políticos sevillanos.
En cualquier caso si hay un aspecto en el que probablemente la mujer tenga más difícil incorporarse será en el tema de las trabajaderas. Yo y los que como yo hayamos nacido en la década de los 70 del siglo pasado y no digamos los que lo hayan hecho antes, y que podamos opinar aquí incluyendo muchas mujeres, hemos sido educados en una Semana Santa machista. Y creo que soy incluso optimista, porque veo que muchos de los que pertenecen a las generaciones posteriores han desarrollado este aprendizaje en mi opinión poco positivo incluso con más virulencia que los de otras generaciones anteriores. En muchos individuos no se ha avanzado mucho en esto.
Apuntaba antes el tema de la incorporación de la mujer al trabajo porque antes los costaleros eran asalariados. Las mujeres tenían el acceso al trabajo de forma muy restringida y para ciertos trabajos como labores de carga más aún, y si tradicionalmente fueron solo hombres en gran parte estaba marcado por los convencionalismos sociales. Ahora la mujer está incorporada a la práctica totalidad de puestos de trabajo sin distinción de géneros. Además, salir de costalero era considerado una actividad laboral y no una manifestación de fe. Incluso para los que lo desconozcan los costaleros eran tratados casi con desprecio, muy alejado de la situación actual.
Confieso que cuando empezó el movimiento de mujeres nazarenas muchos de los de mi edad, yo incluido, veíamos todo esto casi como un sacrilegio, lo peor que podía ocurrirle a nuestra Semana Santa. Poco menos que el principio del fin. Pero el paso del tiempo hace que las cosas se asienten, da tiempo a reflexionar, a saber relativizar y vencer las reticencias adquiridas. Y por mi parte el tema de las costaleras era con seguridad lo último que me quedaba por derribar de esa animadversión desarrollada posiblemente debido al tipo de educación cofrade.
Si intentamos analizar la cuestión sin tener ningún tipo de prejuicio adquirido, dudo mucho que nadie pueda realmente estar en posición de negar el derecho de cualquier mujer a poder sacar a su Cristo o su Virgen como costalera con argumentos razonados.
En todas las demás capitales de Andalucía, y no digamos en muchos pueblos, existen costaleras (o cargadoras, portadoras de trono, o cualquier concepto que englobe portar unas andas). Incluso ha habido, no sé si en la actualidad continúa, capataza en el Cristo Yacente de Huelva con una cuadrilla de mujeres. Desconozco, no he encontrado referencias al respecto, si en algún pueblo de la provincia de Sevilla se da la circunstancia. He visto algunos vídeos incluso de pasos llevados por costaleras y ni el paso se cae, ni andan peor ni mejor que otras cuadrillas de hombres. En mi opinión tanto para hombres como para mujeres será una cuestión de capacidad junto con otros aspectos. Yo llevo ya veinte años debajo de las trabajaderas y creo que para salir de costalero hace falta una conjunción de factores: devoción, capacidad y afición.Y además creo que, no podría dar proporción, cada caso será particular, se tienen que dar las tres a la vez. Cada persona requerirá posiblemente de unas proporciones distintas. La devoción, la fe, como al soldado el valor, se le supone al costalero. Pero no vale solo con eso, debe existir realmente. Si no fuera así se trataría de un deporte. La afición debe existir. Ahora suelen ser menos los ensayos, pero hace un tiempo podía haber un número considerable y bastante más largos, acabando a deshora con obligaciones laborales al días siguiente, obligaciones familiares,... Para eso hay que tener afición. Y capacidad. Soy consciente de que muchos dirán que si se trata de mujeres esa capacidad no existirá. Seguramente en proporción pueda que haya menos mujeres que puedan soportar el peso de algunos pasos. Pero si las hay, si cumplen, ¿quién les puede decir que no? No creo que esté interesada en sacar pasos, y se que me dirán que es una deportista de élite, pero Lidia Valentín, campeona de halteorofilia, con toda probabilidad tiene más capacidad física que muchos de los hombres. En definitiva, si cumple como uno más, no hay razón para negarle formar parte de la cuadrilla.
Uno no está falto de razón para entender que es posible que el número de mujeres capacitadas para sacar un paso pueda ser menor que en los hombres en tanto por ciento. Pero también creo es menor el número de mujeres que quieren salir debajo. En cualquier caso la que esté preparada y cumpla, bienvenida. Es una mera cuestión porcentual.
Si no está capacitada, al igual que cualquier hombre, ella misma dirá que deja las trabajaderas por vergüenza torera. Yo he visto hombres que han estado uno, dos, tres años, han visto que no es lo suyo, que no terminan de adaptarse, que saben que no cumplen o no les llena y se han ido. Y si por lo que sea, al igual que con cualquier otro peón, el capataz estima que no cumple y no le vale, será este el que estime prescindir del que sea.
Algunos hacen demagogia de este tema. Es incluso fácil hacerla. Hay quien dice que si pueden salir de costalera, por qué no un hombre de Fe o Verónica en Montserrat. Muy sencillo. Tanto la Fe como la Verónica fueron mujeres reales, personajes que ahora encarnan mujeres igualmente. Otros dicen que "y si quieren las mujeres salir de armaos". Igual argumento podríamos dar. Los armaos son representaciones de soldados romanos entre los que no había mujeres. Salir bajo las trabajaderas es una manifestación de fe que no se le puede negar a nadie por razón de sexo.
En torno a esto también hay controversia de cuadrillas de solo hombres/mujeres y cuadrillas mixtas. Hay quien apunta la posibilidad de roces, digamos, inadecuados entre hombres y mujeres en un espacio tan reducido y que no sería conveniente que se formara una cuadrilla mixta. Casos puede haber todos los que queramos, pero no creo que el que se meta debajo de un paso, hombre o mujer, busque ese tipo de situaciones. Si fuera así habria que quitar las cuadrillas de un solo género y ponerles ruedas a los pasos ya que hay casos de homosexuales que salen debajo de un paso, de alguno tengo conocimiento, pero la prudencia y el respeto a la intimidad de cada uno aconseja no apuntar en ninguna dirección.
Y en una hipotética cuadrilla mixta hay quien apunta que los hombres le llevarían los quilos a las mujeres. Si el paso va bien igualado, si la ropa va bien hecha y si tanto hombres como mujeres están capacitados, la trabajadera les caerá a todos por igual. Ni más ni menos. Es una simple cuestión de matemáticas y leyes físicas
Seguramente en Sevilla, y más en la capital, sea el último sitio donde se alcance la mujer costalera. Ya hay un paso de gloria que sale con costaleras, pero en la Semana Santa a mi modo de ver tardará aún. Ya hubo cierta polémica y cierto revuelo mediático cuando ello sucedió con la cofradía que sale del Santo Ángel. El primer año salieron creo tres mujeres integradas en una cuadrilla junto con otros hombres. Ya al siguiente año formaron una cuadrilla entera de mujeres. Entre ellas alguna había intentado salir en la Redención si no recuerdo mal lo que había salido a los medios antes.
En otra ocasión recuerdo también otro caso en Monte-Sión siendo capataz del palio José Monge. No sabría poner en pie la historia con fidelidad pero el capataz llegó a estar cesado, luego readmitido por el Sr. Buzón, que entonces era Hermano Mayor con explicaciones ambiguas cuanto menos. Y un dato: actualmente, no tiene por qué ser debido ello, ya no es capataz de ese palio. Y más lejano en el tiempo el caso de una chica, creo que quería salir en la Candelaria ya hace unos años, entrevistada por Isabel Gemio en la televisión a nivel nacional.
La búsqueda deliberada para que el asunto trascienda a los medios quizás sí lo veo reprobable. Pero a la misma vez soy consciente de que de otra forma seguramente las voces que pedían ese sitio debajo de las trabajaderas, conseguir abrir brecha en ese difícil camino, no habrían llegado a ser escuchadas de otra manera.
Y una crítica a las hermandades que por lo general se han inhibido de pronunciarse sobre el tema cuando ha surgido y han señalado al capataz como responsable de tomar esa decisión. Si bien es cierto que en mi opinión el responsable de elegir quién entra a formar parte de una cuadrilla es, debe ser, el capataz, no es menos cierto que las hermandades han preferido apartarse del tema para no verse salpicadas por un charco que mancha y mucho. No creo equivocarme si digo que la mayoría de los que componen la práctica totalidad de las juntas de gobierno si son preguntados dirán en 'petit comité' que mujeres bajo sus pasos no. Pero siempre es mejor que lo diga otro de puertas afuera. Saben que la mayoría de capataces dirán que no a incluir una mujer, y siempre es bueno tener a alguien que nos pueda hacer el trabajo sucio y así evitar desgastes innecesarios.
Posiblemente mi texto suscitará algún que otro comentario y opiniones contrarias. Bienvenidas sean siempre desde el respeto, y si aportan algún punto de vista nuevo, mejor que mejor. Si en Sevilla el movimiento de costaleras no se ha extendido aún creo sinceramente ha sido por la actual masiva afición a las trabajaderas y que, al menos de momento, sigue en auge. Si llegara el momento en que faltaran costaleros habría que ver qué tradición pesaría más, si llevarlos a hombros y que solo fueran hombres los costaleros si se llegaba a cubrir el paso caso de que se pudiera o plantearse llevarlos con ruedas.
Y un último apunte mirando la foto de cabecera del post. Si uno se sitúa en la delantera de un paso y ve solo unos pies asomando por debajo de los faldones, no creo que pueda distinguir si son de hombre o de mujer.

La foto está tomada del blog de la Hermandad del Resucitado de Porcuna, pero la foto tiene una marca www.latrabajadera.cjb.net