lunes 2 de febrero de 2009

Con derecho a sucesión...

Cuando hace un tiempo salió la noticia, por sorpresa más que sorprendente, del arzobispo coadjutor con derecho a sucesión que desde Roma nombraban para la Diócesis de Sevilla a la mayoría de los cofrades les pareció algo casi de ficción. Monseñor Asenjo, del cual me confieso un casi total desconocedor, viene nombrado desde Roma y muy probablemente bajo las directrices de Rouco, nuestro particular ‘pontífice’ español. Que Fray Carlos Amigo no es eso, demasiado amigo de Rouco, no es ningún secreto. El espíritu y ánimo conciliador de Amigo, cosa que muy probablemente le venga de la Orden Franciscana a la que pertenece, dista bastante de las actitudes del cardenal Rouco, fiel continuador del más rancio catolicismo. Amigo siempre ha mostrado gran amplitud de miras tanto por el ecumenismo que ha demostrado en muchas ocasiones, propiciando el acercamiento con otras confesiones (es gran conocedor del Islam por su anterior condición de arzobispo de Tánger), o la ‘comprensión’ y el respeto que ha mostrado con asuntos tan espinosos como el matrimonio entre homosexuales. En mi opinión Rouco no podía permitir que una de las diócesis más importantes de España no estuviera dirigida por alguien cercano a sus posturas, y probablemente bastante o mucho habrá tenido que ver en que Amigo no haya visto cómo su pontificado era prorrogado desde Roma.
Si como parece Asenjo es, podríamos decir, un hombre de Rouco, la relación con la religiosidad popular será, cuando menos, tibia. Y las cofradías son, sobre todo, religiosidad popular (en el sentido meliorativo del término; religiosidad del pueblo y no religiosidad populachera como algunos prefieren entenderla). Desde esta perspectiva y ante la incertidumbre de lo que está por venir, los cofrades creo que están poco menos que con las carnes abiertas ante la época de estrecheces, no debidas a la crisis económicas, que también las habrá y de hecho ya las hay en las cofradías, sino de estrecheces cofrades si es que podemos denominarlas de este modo. La mano abierta que Fray Carlos ha mostrado en los últimos años probablemente contrastará con las pocas migajas que se presupone dará Asenjo a las cofradías. Pero en cualquier caso debemos concederle el beneficio de la duda. Porque el tiempo borra y dulcifica los recuerdos y aunque sea una afirmación obvia y de Perogrullo, el futuro es impredecible. Pero en Sevilla parece que el pasado también lo es y solemos “reinventar” la historia o la crónica de los acontecimientos a la medida de nuestras necesidades. Sevilla, que suele adolecer de una memoria que se extiende poco en el tiempo, una memoria frágil y muchas veces selectiva, es además poco amiga de los cambios, tendente a la actitud acomodaticia, prefiriendo lo conocido, malo o bueno por inercia o costumbre, a lo que esté por venir. Y ahora que el adiós de Amigo se presupone cerca parece que no nos acordamos de los desencuentros con las cofradías. La mano abierta de las coronaciones y procesiones extraordinarias, probablemente excesivas en los últimos tiempos, contrasta con la parquedad de antaño. No nos acordamos de la polémica de las Normas Diocesanas, con el consabido decreto de las nazarenas que todavía colea, de la postergación de las coronaciones de la Trinidad y del Valle, ésta última con el desaire de verla coincidir prácticamente con la del Cerro, o controvertidas intervenciones (imagino que en la mayoría de los casos también necesarias) en el gobierno de algunas cofradías, las últimas aprobaciones de nuevas hermandades, etc.
Los otrora críticos con Amigo (normalmente a sus espaldas), ahora lo colman de elogios. Otros, que callaron sus críticas durante años, aprovechan para expresarlas ahora aunque sea de manera soslayada, periodistas incluidos. Ya parece que nadie se acuerda cuando se bautizó una de las mitras de Fray Carlos como el modelo ‘magefesa’, se le criticaba el aire altivo que proyectaba (de la imagen pública de Amigo mucho tiene que ver su secretario, el hermano Pablo Noguera), o ausencias significativas en determinados actos. Pero al final nadie es malo cuando se va del cargo.El tiempo nos dirá si hacemos nuestra la frase de que es mejor lo malo conocido que lo bueno por conocer. Quizás el tiempo haya hecho que nos hayamos acostumbrado el uno a los otros. Pero en cualquier caso, al final Asenjo también será bueno, se le hará la rosca cuando vaya a las hermandades y tendrá legión de aduladores en el mundo de las cofradías, que siempre es mejor llevarse bien con el que manda. Y es que a rey muerto, rey puesto…


La imagen corresponde a una postal antigua del Palacio Arzobispal

lunes 24 de noviembre de 2008

Confesando secretillos

Normalmente siempre ha sido más fácil irse de la lengua que guardar un secreto. Siempre nos ha gustado hacer pequeñas confesiones y desvelar secretillos porque al hacerlo parece que nos crece el ego, que somos importantes. Más si hay un oído, muchas veces interesado en el sentido peyorativo de la palabra, que está deseoso de que le hagamos nuestra confesión.

Con frecuencia oímos, como si habláramos de secreto de sumario, del secreto de cabildo. Ese secreto que más de una y de dos veces es más público que otra cosa. El secreto de cabildo, al menos yo así lo entiendo, no significa no poder desvelar las resoluciones y decisiones del cabildo. Normalmente, salvo que así se haya expresado en el cabildo porque la naturaleza de lo tratado así lo requiera, no hay problema en hacer públicas las decisiones. Lo que sí entra en el secreto de cabildo es desvelar las deliberaciones, lo que han dicho los demás miembros del cabildo (al menos por compañerismo) durante el mismo, el sentido de los votos de unos y otros,...

Lamentablemente ese sentido de la responsabilidad que antiguamente tenía el que entraba en una junta de gobierno parece que está en desuso. Seguramente en otros tiempos también se daba este tipo de circunstancias, pero en la actualidad la importancia que alcanza la información cofrade en prensa, radio, Internet,..., hace que no sea difícil que trascienda a lo público todas estas cuestiones.

Yo mismo he sido testigo de cómo minutos después de finalizar un cabildo de oficiales, hermanos que no eran miembros de la junta y no hermanos de una hermandad relataban con detalle y con información, a todas luces veraz, todos y cada uno de los detalles del cabildo recién terminado. Y luego ha aparecido reflejado en los medios de comunicación. Muchas veces es incluso el hermano mayor de turno el que interesadamente 'filtra' la información a los periodistas.

Y si esto ocurre en hermandades, en el Consejo de Cofradías el interés mediático se multiplica. Yo, a Dios gracias, nada más lejos de mi intención, jamás he pertenecido a la Junta Superior del Consejo. Pero imagino que el deber de secreto también debe existir entre los consejeros. Sin embargo las filtraciones existen.

La elección de pregonero, que desde siempre me había parecido algo reservado, secreto y arcano, se ha convertido en algo de carácter casi público. En las semanas previas los propios consejeros posicionan 'sus candidatos', vamos conociendo a quién votará cada uno, la prensa 'propone' los suyos en actitud casi impositiva, como si su opinión fuese vinculante, y este año parece que incluso el presidente prácticamente ya había 'prometido' incluso el atril a un conocido periodista con resultado adverso, lo que es vender la piel del oso antes de cazarlo. En definitiva todos queriendo hacer prevalecer sus intereses.

Después podemos ir siguiendo en prensa, radio o Internet el resultado de las votaciones, las otras opciones propuestas o qué votó cada consejero. Y cuando a raíz de estas situaciones el ambiente se enrarece el mismo periodista se encarga de publicar el estado de zozobra que afronta la institución después de esos deslices.

¿De quién es la culpa? Del consejero, hermano mayor o miembro de junta al que se le va la lengua por intereses personales o afán de protagonismo o del periodista que, con una doble moral, no duda en prestar oídos a estos asuntos, en muchas ocasiones sin contrastar la información, a veces fundadas incluso en los comentarios en foros, y publicarlos sin pensar las consecuencias, pero a renglón seguido critica la falta de discreción del confidente y la situación de inestabilidad de una junta o del Consejo.

La viñeta aparece en el blog de Adrián Palmas

lunes 10 de noviembre de 2008

La mano izquierda


En origen una de las finalidades de las hermandades de Sevilla fue dar protección a los necesitados, dotar a las jóvenes casaderas o que iban a profesar los hábitos y que no disponían de medios económicos o disponer lo necesario para dar sepultura (aún hoy en día) a aquellos hermanos o devotos que, igual que las anteriores, no podían afrontar los gastos. Otras hermandades se dedicaban a atender a aquellos que se encontraban cumpliendo condena en la cárcel como el Amor -recordemos que los ángeles que van en los laterales del paso de este crucificado portan en sus manos unos paños en los que podemos leer "Amor y Socorro para los encarcelados- o la hermandad de la Trinidad que, haciendo gala de su vinculación con dicha orden, libera, de nuevo a partir de la Coronación de Ntra. Sra. de la Esperanza, un preso cada año.
Hay hermandades en Sevilla que, aunque no tengan carácter penitencial o ni siquiera organicen procesiones también desarrollan una importante labor como la hermandad de la Santa Caridad.
La labor de caridad cristiana ha estado siempre en mayor o menor medida presente en la realidad de las cofradías. En los años de la posguerra y hasta aproximarnos hasta la década de los setenta del siglo pasado esta labor estuvo quizás en un segundo plano, pero nunca ausente, por la lógica razón del estado de penuria que atravesaban las hermandades. Pero este aspecto ha ido en aumento con el paso de los años.
La práctica totalidad de la nómina de la Semana Santa cuenta con una diputación de caridad. Algunas de nuestras hermandades está cambiando la denominación de éstas por la de acción social, quizás por ese cierto tinte peyorativo que, lamentablemente, ha adquirido el término 'caridad', frente al meliorativo que nunca debió perder.
Todas las hermandades hacen considerables esfuerzos para fomentar este tipo de actuaciones. Podemos citar como ejemplo el economato social que numerosas hermandades sustentan y patrocinan y que incluso cuenta con la participación de voluntarios. Dicho economato ofrece productos como si de un supermercado al uso se tratara, pero la situación económica de los clientes que acuden a comprar han tenido que pasar la evaluación de las hermandades. Éstas cubren una parte del importe de los productos y los clientes pagan otra, todo ello sin ánimo de lucro por parte de la institución sino simplemente cubrir los gastos. Con ello facilitan la compra a aquellos que lo necesitan y a la misma vez no les hace sentirse en la situación vergonzante de recibirlos sin pagar nada.
Algunas hermandades apoyan o incluso organizan talleres de empleo -es mejor darle la caña y que aprenda a pescar que darle el pescado- como Santa Marta que creó una fundación junto con la patronal de hostelería para la creación de empleo en una zona degradada como era la Alameda. a
En ocasiones prestan servicios sociales que las instituciones no llegan a cubrir de manera conveniente, tal es el caso del Centro de Estimulación Cristo del Buen Fin, que parece que va a tener una continuidad en el tratamiento para los pequeños con otro centro que promueve la Esperanza de Triana.
Becas de estudio, talleres ocupacionales, atención terapéutica, hospitales de campaña, actuaciones en barrios marginales,... Es un hecho que las hermandades cumplen con una serie de labores sociales que en ocasiones difícilmente estarían cubiertas si no fuese por ellas. Los tiempos en que la caridad en las hermandades se entendía por algunos por pagar un par de recibos de luz atrasados o una lavadora ya han pasado, aunque con la actual crisis este tipo de medidas también son necesarias (y cómo). La Semana Santa no vive de espaldas a la sociedad (mal que algunos les pese y que les gustaría que fuese de otro modo); muy al contrario, hay hermandades que llegan a ser nexo de unión de barrios menos favorecidos y que son cauce para llevar a cabo acciones sociales que, de otra forma, encontrarían más dificultad para su buen término.
Que se podría hacer más no lo pongo en duda. Pero no es poco el esfuerzo y la labor que se realiza. Y todo ello con sus propios medios y desde la autofinanciación en la mayoría de las ocasiones. Y es que para otros es muy fácil disparar con pólvora ajena.
Nota: La ilustración pertenece a la página www.larepublica.com.uy

lunes 20 de octubre de 2008

Las otras devociones

Con relativa frecuencia leemos o escuchamos cómo devociones que otrora fueron, valga la expresión, punteras o bien se perdieron o quedaron en un estado de letargo e indiferencia por parte de los que antes eran sus devotos. El caso de la Hermandad de la Antigua y Siete Dolores o del Crucificado de San Agustín (recuperado del olvido por la Hermandad de San Roque) bien pueden valer para ofrecer un ejemplo de ello. Por otra parte también surgen nuevas devociones en barrios de la periferia como Nuestro Padre Jesús de la Esperanza en el Puente Cedrón para la Milagrosa.
Sin embargo de un tiempo a esta parte da qué pensar (e incluso creo que llega a ser preocupante) en qué nos fijamos más, en lo esencial o en lo supérfluo. Es incluso cuestionable qué es más importante para muchos cofrades, el fondo o la forma. No debemos ser necios y negar que todo lo que rodea la Semana Santa tiene una parte importante de espectáculo y de folclore. Tampoco podemos obviar que sin este aspecto muy probablemente la Semana Santa de Sevilla no sería lo que es y sí algo más próximo a las celebraciones de ciudades castellanas como Valladolid o Salamanca. Pero creo debemos hacer distinción entre lo accesorio y lo que debe ser la esencia de la Semana Santa.
Hace unos años circulaban por Triana (desconozco quién o quienes las ditribuían) unas estampas como las que se venden en las mesas petitorias con una imagen de la Cofradía de la Esperanza de Triana. Pero no era de ninguno de sus titulares, aunque para algunos pudiera parecerlo, pues llevaban impresa 'Santo Caballo de Triana'. Creo que por la Calzada ocurrió algo parecido. Y esto me crea dudas sobre qué mueve a muchos en la Madrugá cuando se agolpan en el Altozano, ver al Señor de las Tres Caidas o la figura del cuadrúpedo. Yo, en mi caso, lo tendría muy claro.
Ya en tiempos pasados desde el Palacio Arzobispal se prohibieron las saetas profesionales pues primaba el espectáculo sobre lo que, en principio, es rezo. También sobre determinadas composiciones musicales que se interpretaban tras algunos pasos actuó la censura (o al menos las recomendaciones, que en la práctica era lo mismo) de la mitra. No creo que en Sevilla deba existir censura a este respecto. La Semana Santa es lo bastante avanzada y sabia como para autorregularse. Prácticamente todos los excesos caen en el desuso. Sin duda toda innovación pasa por un proceso de decantación que deshecha cualquier actuación que no 'pase el examen' de la Sevilla cofrade. Lo que ocurre es que ese proceso, a veces, tarda en llevarse a cabo.
Determinadas cuadrillas de costaleros cuentan incluso con auténticos fans que acuden a los ensayos y mudás y que esperan incluso horas para ver cómo anda la cuadrilla en determinado lugar. Hay cofrades que el domingo previo al pregón incluso se agolpa público para ver alguna mudá a la que se aplaude sin banda ni flores ni imagen siquiera.
Hace pocas fechas pude encontrar en el blog 'Cofradieros de Sevilla' algo que, al menos para mí, no debería ser noticia, y no era otra cosa que los datos detallados de la mudá del paso del Cristo de la Sed para la salida extraordinaria de la Redención
. Por supuesto con el recorrido y la hora de entrada de la parihuela al templo, para que los interesados pudieran programarse los horarios y no perder detalle. No voy a entrar a opinar sobre curiosas salidas extraordinarias que merecen ser tratadas aparte.

¿Se están convirtiendo algunas cuadrillas y sobre todo algunas bandas en las nuevas devociones de algunos? ¿El auge que vive la Semana Santa es en gran parte gracias a ello? Lamentablemente creo que estamos llegando a crear nuevas devociones; la devoción al 'corneta solista', la devoción a 'determinadas figuras secundarias' o la devoción a 'la trasera de tal cuadrilla que no veas cómo empuja'. Yo espero sinceramente que no, pero no puedo dejar de albergar un cierto escepticismo. Confío en la capacidad autorreguladora de la Semana Santa y que esta tendencia que mueve a fans y forofos de bandas o cuadrillas (creo que así se les puede denominar) sea solo pasajera.

viernes 25 de julio de 2008

Cerrado por vacaciones...


Por un tiempo y por las vacaciones tendré que ausentarme.Por eso y por cambio de trabajo, y porque el ordenador de mi casa se podría decir que está en precario, la ausencia puede que se prolongue algo más (vamos a intentar aprobar una partida económica por vía de urgencia para la adquisición de un nuevo equipo). Esto no quiere decir que se cierre el balcón. Por la misma razón las visitas a los amigos se verán disminuidas, pero no es que os tenga en el olvido.
Hasta dentro de poco...

lunes 14 de julio de 2008

El escaparate de las vanidades.


Hace unos días podíamos leer a La Cava en un texto que reivindicaba la figura del capirotero (que algún día trataré) y denunciando otras figuras y personajillos que pululan por nuestra Semana Santa. Quería tratar el tema, pero me ha parecido más oportuno hacerme eco de otros autores más cualificados para hacerlo.
Podemos leer a Francisco Espinosa de los Monteros afirmar que "...en algunos casos se entiende la cofradía como paso intermedio para conseguir cargos de poder social y político como si esto fuera una 'feria de las vanidades' cofrade, y un largo etcétera. Ante la ausencia de valores internos, las cofradías van perdiendo cada vez más sus raices y se van convirtiendo en lo que desean buena parte de los políticos que nos rodean: convertimos en una manifestación folclórica más pero perdiendo su raíz religiosa, hacernos perder nuestra espiritualidad para convertirnos en muestra de arte, convertirnos en fin en un atractivo turístico más". Y es preocupante la utilización que en más de una ocasión se hace de las hermandades, cuyas procesiones son utilizadas como reclamo turítico por parte del ayuntamiento y prueba de ello fue el origen de la subvención municipal en el s.XIX para conseguir que las hermandades tuvieran los medios económicos para poder realizar la salida procesional con regularidad.
Como escaparate máximo de esas vanidades está el Consejo de Cofradías. Actualmente es raro el acontecimiento o acto al que no esté invitado el Consejo. Se ha convertido, sin duda, en una palestra y trampolín social especialmente para su presidente aunque también en menor medida para el resto de cargos y consejeros. El periodista Juan José Borrero escribía hace poco (creo que en ABC) "...el gran poder de las cofradías como medio de vertebración de esta complicada ciudad será un mito si confundimos cofradías con gestores de bandas, costaleros y salidas extraordinarias, y a las hermandades con luchas intestinas en la más extensa capacidad semántica de la palabra. Y, sobre todo, si se sigue trasladando que el Consejo es el cronometrador oficial, el jurado de los pregoneros y la oportunidad de muchos políticos frustrados para recibir las invitaciones a los actos oficiales de la Muy Noble, Muy Leal... y muy cofrade Ciudad de Sevilla".
Podemos leer así mismo a Isidoro Moreno en su libro 'La Semana Santa de Sevilla. Conformación, Mixtificación y Significaciones', libro cuya lectura es más que interesante y que en su primera edición en el año 1982 levantó no pocas ampollas por parte de los 'guardianes de la ortodoxia cofrade'. En uno de sus capítulos en el apartado 'El interés por ciertos cargos y la feria de las vanidades' podemos leer: "desde las décadas del XIX y, sobre todo, a lo largo del siglo XX, paralelamente a la conformación de la Semana Santa tal como es hoy, se ha venido dando un proceso de apropiación de los cargos directivos de las cofradías populares por personas de la burguesía media y alta cuya extracción social no responde a la composición de la cofradía, pero que aprovechando el prestigio y la popularidad de ésta como palanca de adquisición de estatus y de ampliación de relaciones sociales, vinculaciones e influencias, que pueden ser muy provechosas para progresar en la esfera de los negocios, ascender en el mundo político conservador o, simplemente, codearse con quienes tradicionalmente han pertenecido a los estratos sociales elevados".
Habla el profesor Moreno también de lo que ocurre en ciertas cofradías en la calle: "...algo parecido ocurre en la cofradía en la calle: en algunas ciertos mandamases han tomado desde hace unos años la costumbre de no vestirse de nazarenos pero sí acompañar durante casi todo el trayecto, con traje bien planchado y medalla al cuello, al paso de palio; delante de él, por supuesto, y al lado del capataz, repartiendo saludos y sonrisas, haciendo bien ostensible quién es el que dirige el cotarro".
Cita el profesor Moreno un texto de Antonio Burgos que dice "...de estar en las aceras, en los umbrales, se pasó a esta Sevilla procesionaria de los figurantes y figurones, que van delante de los pasos, más que para no perderse un detalle, para saludar y ser saludados, la teoría del paseo de caballos pero entre cera e incienso, que muy buenas carreras han comenzado así, en la delantera de los pasos, ejerciendo oficialmente de cofrade sin antifaz; sin más antifaz que el fingimiento de unos fervores que son muy rentables en Sevilla para llegar a ser persona".
De Sánchez del Arco podemos tomar el siguiente fragmento: "...quienes van buscando la sombra sagrada del altar (o del paso) para tienda de mercader o para apoyo de fuerzas temporales" mostrando recelo de los rostros descubiertos en la Semana Santa sevillana.
De 1970 recoge también Moreno un editorial de El Correo de Andalucía titulado 'La feria de las vanidades. En las cofradías, no'. Extraemos el fragmento citado: "...explotación publicitaria que algunos grupos de personas han puesto en vigencia a lo largo de los últimos años, utilizando el marco de las cofradías como pedestal para un intolerable juego de vanidades (...) ¿cómo hemos venido a caer en esas páginas de periódicos llenas de fotografías donde señores distinguidos ejercitan a costa de las cofradías la conocida gimnasia del tú me condecoras, yo te condecoro. nosotros nos condecoramos?". Y sigue: "nos asombra que haya gentes con tantas ganas de salir fotografiados una y otra vez... Quizá podríamos arbitrar en Sevilla un tipo de reuniones donde los aficionados se condecoren y se retraten una y mil veces: pero que no ofrezcan a los ciudadanos corrientes el lamentable espectáculo. Y, sobre todo, que se alejen de las Hermandades".
Sin duda esta y otras situaciones se han dado, se dan y, lamentablemente se darán. Erradicarlas se me antoja una tarea imposible. Pero hay que ser conscientes del por qué algunos elementos se arriman a una hermandad.
He querido que ilustre el texto una imagen de un auto de fe de la Inquisición en la Plaza de San Francisco en 1660, que esa sí que es una plaza-escaparate de vanidades.
Pd: No sé si una entrada de blog se puede dedicar, pero si se puede se la brindo, como el que brinda un toro en la Maestranza, a La Cava y a Miguel Andreu.

viernes 4 de julio de 2008

Saber irse (e incluso ni llegar)


Hemos podido vivir en las últimas fechas procesos electorales en muchas de nuestras hermandades e incluso en el Consejo de Cofradías. Sin embargo no voy a hablar, de momento, sobre elecciones, si no sobre los que se van e incluso sobre los que ni han llegado.
Hace unos días apareció en ABC una entrevista al ex presidente Felipe González en la que afirmaba que "los ex presidentes son como jarrones chinos (...) estorban donde quiera que se pongan". También pudimos escuchar a Mariano Rajoy en unas declaraciones recogidas por El País en las que afirmaba "Aznar no rima con molestar, sí con no estar". Ni por asomo pienso juntar política y cofradías; ya hay quienes lo hacen. Pero esta situación que se da en política parece que en más de una ocasión se extrapola y se traslada al mundo de las cofradías. Los que abandonan los cargos parece que no quieren hacerlo, o al menos pretenden que su labor permanezca inalterada e inalterable más allá de la gestión de sus cargos. Y es que en no pocas ocasiones parece que es alargada la sombra de los que han ocupado el puesto de hermano mayor.
Los que acaban su gestión muchas veces pretenden seguir ejerciendo ese poder incluso cuando su mandato ya ha acabado. Esto puede producir fricciones entre el nuevo y el antiguo hermano mayor. El antiguo pretende aparecer como referente moral (al menos) de la hermandad. Parece que todo debe contar con su aprobación como si de un órgano consultivo (vinculante incluso) se tratara. Y cuando hay más de un ex hermano mayor mejor ni hablar, pues la lucha por ese poder residual al que aspiran, máxime si ha habido rencillas entre ellos (que suele ocurrir), es sin duda un estorbo para el que acaba de llegar.
El neófito en el cargo a veces pretende articular ese grupo de poder que como un grano le ha salido creando una junta consultiva de ex hermanos mayores (e incluso de ex miembros de junta). Sinceramente, no sé si es mejor el remedio que la enfermedad. Y el nuevo hermano mayor tampoco.
Hay otra situación que también puede producir un cierto problema en la gestión de las nuevas juntas y es cuando han optado más de una opción a la junta de gobierno. ¿Qué ocurre con los integrantes de la que no ha resultado elegida? En la mayoría de los casos estos 'no miembros de junta' se posicionan literalmente, valga el juego de palabras, como oposición (casi como en el congreso de los diputados) a cualquier actuación o decisión que lleve a cabo la junta de gobierno mientras aguardan agazapados a las próximas elecciones. La pluralidad de opciones es positiva en cualquier ámbito, y el espíritu critico también; pero la crítica destructiva y sistematizada no lo es. En estos casos no parecen trabajar por su hermandad sino trabajar para alcanzar en el futuro ese cargo que la decisión del cabildo de elecciones les negó.
Aunque en muchos casos las expectativas que generan una nueva junta pueda ser poco halagüeñas creo que se debe dar el beneficio de la duda y dejar trabajar al menos un tiempo razonable para poder ver la forma y los modos de actuar y esperar a conocer los frutos. Hay que saber dejar el cargo, no agarrarse a él y volver a ser hermano de número, que no nos cueste dejar la vara y coger el cirio en el puesto que nos corresponda en la cofradía (también los hay que una vez dejan el cargo dejan de vestir la túnica no sé si como una medida de una pretendida protesta o, más bien, para dejarse ver el día de salida). Hay que saber también no llegar a ocupar el cargo, asumir la derrota si es que la ha habido o se puede hablar de ella, y dejar trabajar a los recién llegados. Tan importante es llegar como saber irse; es difícil sin duda ejercer los puestos con eficacia, pero también saber dejar de ejercerlos. Cuando los cofrades aprendan esto habrán dado un
importante paso en madurez.