lunes, 10 de noviembre de 2008

La mano izquierda


En origen una de las finalidades de las hermandades de Sevilla fue dar protección a los necesitados, dotar a las jóvenes casaderas o que iban a profesar los hábitos y que no disponían de medios económicos o disponer lo necesario para dar sepultura (aún hoy en día) a aquellos hermanos o devotos que, igual que las anteriores, no podían afrontar los gastos. Otras hermandades se dedicaban a atender a aquellos que se encontraban cumpliendo condena en la cárcel como el Amor -recordemos que los ángeles que van en los laterales del paso de este crucificado portan en sus manos unos paños en los que podemos leer "Amor y Socorro para los encarcelados- o la hermandad de la Trinidad que, haciendo gala de su vinculación con dicha orden, libera, de nuevo a partir de la Coronación de Ntra. Sra. de la Esperanza, un preso cada año.
Hay hermandades en Sevilla que, aunque no tengan carácter penitencial o ni siquiera organicen procesiones también desarrollan una importante labor como la hermandad de la Santa Caridad.
La labor de caridad cristiana ha estado siempre en mayor o menor medida presente en la realidad de las cofradías. En los años de la posguerra y hasta aproximarnos hasta la década de los setenta del siglo pasado esta labor estuvo quizás en un segundo plano, pero nunca ausente, por la lógica razón del estado de penuria que atravesaban las hermandades. Pero este aspecto ha ido en aumento con el paso de los años.
La práctica totalidad de la nómina de la Semana Santa cuenta con una diputación de caridad. Algunas de nuestras hermandades está cambiando la denominación de éstas por la de acción social, quizás por ese cierto tinte peyorativo que, lamentablemente, ha adquirido el término 'caridad', frente al meliorativo que nunca debió perder.
Todas las hermandades hacen considerables esfuerzos para fomentar este tipo de actuaciones. Podemos citar como ejemplo el economato social que numerosas hermandades sustentan y patrocinan y que incluso cuenta con la participación de voluntarios. Dicho economato ofrece productos como si de un supermercado al uso se tratara, pero la situación económica de los clientes que acuden a comprar han tenido que pasar la evaluación de las hermandades. Éstas cubren una parte del importe de los productos y los clientes pagan otra, todo ello sin ánimo de lucro por parte de la institución sino simplemente cubrir los gastos. Con ello facilitan la compra a aquellos que lo necesitan y a la misma vez no les hace sentirse en la situación vergonzante de recibirlos sin pagar nada.
Algunas hermandades apoyan o incluso organizan talleres de empleo -es mejor darle la caña y que aprenda a pescar que darle el pescado- como Santa Marta que creó una fundación junto con la patronal de hostelería para la creación de empleo en una zona degradada como era la Alameda. a
En ocasiones prestan servicios sociales que las instituciones no llegan a cubrir de manera conveniente, tal es el caso del Centro de Estimulación Cristo del Buen Fin, que parece que va a tener una continuidad en el tratamiento para los pequeños con otro centro que promueve la Esperanza de Triana.
Becas de estudio, talleres ocupacionales, atención terapéutica, hospitales de campaña, actuaciones en barrios marginales,... Es un hecho que las hermandades cumplen con una serie de labores sociales que en ocasiones difícilmente estarían cubiertas si no fuese por ellas. Los tiempos en que la caridad en las hermandades se entendía por algunos por pagar un par de recibos de luz atrasados o una lavadora ya han pasado, aunque con la actual crisis este tipo de medidas también son necesarias (y cómo). La Semana Santa no vive de espaldas a la sociedad (mal que algunos les pese y que les gustaría que fuese de otro modo); muy al contrario, hay hermandades que llegan a ser nexo de unión de barrios menos favorecidos y que son cauce para llevar a cabo acciones sociales que, de otra forma, encontrarían más dificultad para su buen término.
Que se podría hacer más no lo pongo en duda. Pero no es poco el esfuerzo y la labor que se realiza. Y todo ello con sus propios medios y desde la autofinanciación en la mayoría de las ocasiones. Y es que para otros es muy fácil disparar con pólvora ajena.
Nota: La ilustración pertenece a la página www.larepublica.com.uy

7 comentarios:

M. Andréu dijo...

Nuevamente pones el dedo en la llaga y abordas un asunto que es tremendamente desconocido -y complñicado- para una gran parte de la sociedad.

La acción social, según la entiendo, no consiste sólo en dar al que no tiene. Es algo que debe llegar más allá. Por ejemplo:

- ¿Cuánto dinero cuesta la compañía a un anciano que no pasa ningún tipo de necesidad material y tan solo sufre de soledad?

- ¿Cuánto cuesta el rellenar unos impresos a una persona que a pesar de tener el frigorífico lleno en su casa, quizás se pierde en la burocracia de las administraciones?

- ¿Qué valor tiene el que la gente del grupo joven recoja de su casa a hermanos de cierta edad para que puedan asistir a los cultos (en la Macarena se ha hecho)?

Por ahí también deben ir los tiros.

Un saludo, hermano.

NICODEMO dijo...

Toda la razón Miguel. No solo en cuestiones materiales se debe basar la caridad en las hermandades. Muchas veces un poco de conversación y compañía a un anciano, la iniciativa del grupo joven de la Macarena para que hermanos de edad avanzada o movilidad reducida puedan acudir a los cultos o ayudar con el asunto del papeleo y la burocracia pueden constituir pequeñas grandes acciones. Si no recuerdo mal es la hermandad de los Javieres los que tienen un gabinete enfocado en esa dirección, y no solo rellenando formularios sino haciendo directamente la gestión.
Como siempre, gracias por el comentario.

Du Guesclin dijo...

Como dice Miguel, es un asunto al que no se da mucha importancia y que para gran parte de la sociedad sevillana y del resto del país en general pasa desapercibido.

Muy de cerca me queda el caso de mi novia, que trabaja en un centro de acogida de mujeres maltratadas y necesitadas donde cada año nuevo los Reyes Magos de varias hermandades llevan juguetes y ropa a los niños de estas mujeres.

Es curioso, pero si todo esto se conociera se desmontarían muchos de los argumentos que se suelen utilizar para desprestigiar a la Semana Santa sevillana.

Saludos.

La gata Roma dijo...

Bueno, tocas uno de mis temas favoritos, tanto es así que me atañe en lo profesional y por supuesto, en lo personal.
La denominación “caridad” tiende a desaparecer, y si te digo la verdad, estoy de acuerdo. Con lo que te voy a explicar ahora no quiero que nadie se ofenda, porque al fin y al cabo, el universo semántico esta cargado de sutilezas y matices que desconocemos muchas veces. Según los teóricos de la materia, la acción social se basa en el hecho de que una persona, llamada X, tiene cubiertas sus necesidades, en mayor o menor medida. Al estar esta persona en una situación “buena”, con respecto a otros, siente que su “obligación o deber” es ayudar de alguna manera, y no sólo de forma económica, pues como han referido antes, el tiempo, el capital humano, o el poner ciertos conocimientos al servicio de una entidad, son cuestiones muy valoradas en la cción social. De otra parte, está el término caridad, mucho más antiguo, y por desgracia las bases de esta palabra son que la persona X, que vive bastante bien, dá algo de lo que le sobra, para cumplir con Dios, dormir mas tranquilo, y de paso ayudar a los demás. Ya dije que no quiero ofender a nadie, porque me consta que quien hace caridad, en la mayoría de los casos, no se sujeta a la definición que acabo de dar; pero no niego que un trasfondo queda, y por otra parte, la acción social es más completa, por decirlo de alguna manera; ya que considera aspectos de voluntariado, valores psicosociales y demás cuestiones que en la caridad entran de pasada.
Los que critican a las hermandades ignorando todo esto, pues ya los conocemos todos, y sinceramente, a veces no tengo ganas ni de rebatirles, la ignorancia es muy atrevida y hay quien sólo quiere ver lo que quiere ver; como dice el título, desconocen lo que hace la mano izquierda. Mientras, mis monjas de las Hijas de la Caridad, seguirán dando almuerzo a miles de personas cada semana en la Plaza del Pumarejo.
Perdón por lo extenso del comentario, pero no he podido evitarlo.
Kisses

Zapateiro dijo...

Yo siempre fui de la opinión de que el trabajo bien hecho no hay que airearlo a los cuatro vientos. Quien quiera ver que vea, porque el que no lo quiera hacer va a seguir sin hacerlo. Está claro que nuestras hermandades realizan una gran labor de compromiso social y, en muchos casos, es una labor callada, sielnciosa y muy efectiva, pero es más fácil atacar diciendo que son ostentosas y quedarse ahí, sin mojarse lo más mínimo.

Aunque también haré autocrítica porque se podría hacer mucho más en algunos casos.

Un saludo Nicodemo.

el aguaó dijo...

Amigo Nicodemo, vuelvo a tu hogar y a asomarme a tu balcón, después de tanto tiempo, para comprobar que no has perdido la genialidad que te caracteriza.

Has dado en el clavo. Actualmente, en esta sociedad carente de respeto, cada vez s tiene menos en cuenta la labor escondida y tapad de muchas hermandades, que siguen ayudando a los demás sin necesidad de usar el bombo y el platillo, precisamente esto último, muy a tener en cuenta.

Me alegro de volver a tu espacio. Un abrazo muy fuerte.

NICODEMO dijo...

Muchas veces el desconocimiento de la labor que realizan hace que se viertan críticas contra las hermandades. Pero en no pocas ocasiones a la falta de información de los que critican se une interés en no saberlo y, sobre todo, en que no se sepa. Desde el punto de vista de la humildad no nos debería hacer falta airear estos asuntos. Pero dicen que el valor necesita testigos, y muchas veces lo que hacen las hermandades es un acto de valor en esta sociedad.
Gracias Du Guesclin, Gata, Zapateiro y Aguaó por visitar vuestro balcón y por vuestros comentarios